domingo, 4 de junio de 2023

EUGÉNIO DE ANDRADE. CINCO POEMAS [1]


HAVIA VENTO

Era um mês incerto, havia vento,
eu não teria nascido ainda,
ou já teria morrido.
A fronteira entre luz e sombra
era muito difusa. Então
estranhamente o sol pousou
naquele corpo. Corpo que nunca
vira despido, que cheirava
a maçãs maduras,
com brilhos que desciam
às negras sementes da vida.
Estranhamente o sol demorou–se.
nos seus ombros. Um último
brilho, ou suspiro, desprendeu–se.
O ar tremia —a pesar disso eu era feliz,
tinha dez ou mil anos, já não sei.

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HACÍA VIENTO

Era un mes incierto, hacía viento,
yo no habría nacido aún,
o ya habría muerto.
La frontera entre luz y sombra
era muy difusa. Entonces
el sol, cosa extraña, se posó
en aquel cuerpo. Cuerpo que nunca
había visto desnudo, que olía
a manzanas maduras,
con destellos que se adentraban
en las negras simientes de la vida.
El sol, cosa extraña, se detuvo
en sus hombros. Un último
destello, o suspiro, se desprendió.
El aire temblaba —a pesar de todo, yo era feliz,
tenía diez o mil años, ya no lo sé.

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DA POESIA ORIENTAL

Estou aqui com o verde distante
dos montes, o céu fosco
de chuva, um poeta chinês:
um desses homens que atravessaram
séculos e séculos como se não
pisassem o chão. A leveza
é a sua flor de oiro.
O poema fala de dois amigos
que se despedem: as palavras perdem–se,
ouve–se apenas o relincho dos cavalos.
Também Aquiles viu
os seus cavalos chorar a morte
de Pátroclo.
Chorar é a nobreza destes animais,
não dos homens.
A tarde não consente senão
lágrimas. E o trilo
de uma flauta, muito depois.

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DE LA POESÍA ORIENTAL

Estoy aquí con el verde lejano
de los montes, el cielo hosco
de lluvia, un poeta chino:
uno de esos hombres que han cruzado
siglos y siglos como si no
pisaran el suelo. La levedad
es su flor de oro.
El poema habla de dos amigos
que se despiden: las palabras se pierden,
se oye sólo el relincho de los caballos.
También Aquiles vio
cómo sus caballos lloraban la muerte
de Patroclo.
Llorar es la nobleza de estos animales,
no la de los hombres.
La tarde sólo consiente
lágrimas. Y el trino
de una flauta, mucho después.

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ARREPIO NA TARDE

Não sei quem, nem em que lugar,
mas alguém me deve ter morrido.
Senti essa morte num arrepio da tarde.
Qualquer amigo, un dos vários
que não conheço e só a poesia
sustenta. Talvez a morte fosse
outra: un pequeno réptil
no sol súbito e quente de março
esmagado por pancada certeira;
un cão atropelado por um bruto
que, ao volante, se julga um deus
de arrabalde, com sucesso garantido
junto de três ou quatro putas de turno.
Talvez a de uma estrela, porque também
elas morrem, também elas morrem.

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ESCALOFRÍO EN LA TARDE

No sé quién, ni en qué lugar,
pero alguien se debe de haber muerto.
He sentido esta muerte en un escalofrío de la tarde.
Algún amigo, uno de los muchos
que no conozco y sólo la poesía
mantiene. Tal vez la muerte fuera
otra: un pequeño reptil
al sol súbito y caliente de marzo
aplastado por el golpe certero;
un perro atropellado por un bruto
que, al volante, se cree un dios
de arrabal, con éxito garantizado
entre tres o cuatro putas de turno.
Tal vez la de una estrella, porque también
ellas mueren, también ellas mueren.

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ÚLTIMA CANÇÃO

Se puderes ainda
ouve–me, rio de cristal, ave
matutina. Ouve–me
luminoso fio tecido pela neve,
esquivo e sempre adiado
aceno do paraíso.
Ouve–me, se puderes ainda,
devastador desejo,
fulgo animal de alegria.
Se não és alucinação
ou miragem ou quimera, ouve–me
ainda: vem agora
e não na hora da nossa morte
—dá–me a beber a propia sede.

◊◊◊◊◊

ÚLTIMA CANCIÓN

Si aún puedes
óyeme, río de cristal, ave
matutina. Óyeme
luminoso hilo tejido por la nieve,
esquivo y al fin aplazada
señal del paraíso.
Óyeme, si aún puedes,
devastador deseo,
cobrizo animal de la alegría.
Si no eres alucinación
o espejismo o quimera, óyeme
aún: ven ahora
y no en la hora de nuestra muerte
—dame de beber la propia sed.

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RELATO BREVE

Deixarás a casa por acabar.
Ficarão nos muros janelas por abrir
para o primeiro
o último crepúsculo.
No ar ainda doce, encostado
à parede, o limoeiro
voltará a florir para nenhum olhar.
No jardim uma ou outra flor resiste.
Talvez alguém pase e diga para si mesmo:
Como os goivos cheiram bem!

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RELATO BREVE

Dejarás la casa por acabar.
Quedarán en los muros ventanas por abrir
hacia el primero,
el último crepúsculo.
En el aire aún dulce, junto
a la pared, el limonero
volverá a florecer para que nadie lo mire.
En el jardín alguna flor resiste.
Quizá alguien al pasar diga para sí mismo:
¡Qué bien huelen los alhelíes!
——————————
[1] De Os sulcos da sede, 2001.
De Los surcos de la sed, 2001.
En Los surcos de la sed, Madrid, Calambur, 2001.
(Trad. José Ángel Cilleruelo)

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