DECLARACIÓN [2]
Pudiera ser que
las flores volaran
o los niños y las casas
olieran a pan.
Entonces no serían
flores, niños o casas,
más allá de mi deseo
de flores volando, de casas, de harina.
O serían
y entonces serían:
flores como aves,
casas como hornos
o niños como niños
a la hora de la merienda.
֍ ֍ ֍
IOGRÁFICA
A la hora de la siesta,
los cachorros mueven despacio
sus cuerpos contra el padre.
La persiana dibuja con sus renglones de madera
un alfabeto de luz.
El más pequeño de los lobos
se estira perezoso contra la cama,
muerde el hombro de su progenitor
y acaricia asombrado
las letras que el sol deja en las sábanas.
Escribe sin saberlo, solar,
sus primeras palabras.
La escritura es efímera,
segundos,
pero imprescindible
y bien distinta para ambos:
el padre cuenta lo que resta;
el hijo empieza a sumar.
֍ ֍ ֍
MALDITO VERANO
Se ha puesto a toda la mesa de tormenta. Los folios aprovechan las consonantes puntiagudas para drenar los charcos y los lápices boquean del revés en fase terminal. Naufragan gomas y afiladores. Los zapatos ahogados en posición isla del día después junto al libro de Perec.
Desde las esquinas caen gotas sobre mis pies impasibles. Los dedos silabean y juegan al agua, manchados del barro que se ha formado en la alfombra. Mis gafas se empeñan submarinistas en salvar algo del desastre marítimo y esquivan colillas y monedas. Entusiasmadas lentes, contra pronóstico, por esta posibilidad de bucear entre el polvo y entre papeles que ya tenían ganas de perder de su vista.
El teclado está imposible, perdido: no es capaz de escribir tu nombre. Ha olvidado un par de letras fundamentales. El accidente cuestiona la posibilidad de que cambiar de profesión y casa.
Pero la tarde sigue pasando y no deja de llover. El tercer día lloviendo sin parar. He decidido tumbarme y flotar tranquilamente. El agua ha ido subiendo progresivamente como en una película antigua donde el objetivo principal es aniquilar al protagonista. Me circundan restos del naufragio: cables, discos, cartas viejas, grabados, pinceles, moleskines, calcetines como hongos, la papelera como un faro lejano rodeando la lámpara. De madrugada el nivel rebasa el marco superior de la puerta. La mesa hundida y el monitor brillan sobrios en el fondo marino. Parece imposible, pero hace varias vidas yo vivía allá abajo.
Fumo tranquilo, boca arriba. Apenas unos centímetros para que la habitación se inunde. La incertidumbre me produce una hermosa sensación de vértigo: quizás me estrelle contra el techo o quizás salga despedido a las estrellas. O quizás me atreva a abrir la ventana, caer en cascada hacia la calle, avenida abajo de aparecer mojado y desorientado a tu lado. Y decirte: ves, me debes dos letras.
֍ ֍ ֍
SEREMOS LUZ
Aunque así lo parezca,
la luz del mundo no nos pertenece,
por eso yo quisiera no ensuciarla.
Vicente Gallego
Me persigue.
Esa botella cincelada de éter esparcida junto al visillo,
nublando el sentimiento y esa escarcha velada
moviéndose en vaivenes
(el cuarto era traslúcido, pero los ritmos pendulares señalaban
el aire de Maine, el pulmón, gradiente de vida,
los corales del otoño en los linderos del bosque,
albedos donde conciliar paz en las tardes).
Me persigue y me ennoblece el sentimiento
(este que a veces se me escapa tan poroso entre los dedos
y para el que la tinta es sólo un ardid o una treta).
Tanta, tanta luz.
֍ ֍ ֍
Era vieja la historia la habíamos oído en varias ocasiones pero nunca se había atrevido el jodido a contarla en alto siempre otros la habían contado por él que la había ido pasando de mano en mano o mejor de vaso en vaso o de barra en barra pues aunque fue la época en que empezaba a dejar de beber y la Resteiro le quitaba las monedas del zapato y se lo comía a besos por todas las esquinas de esta parte del mundo entonces le organizamos una especie de fiesta sencilla una noche en la tienda con la excusa de que nos leyera algo de lo que sabíamos escribía de noche Tenía una vieja libreta que ataba con correas y que había llevado de un lado a otro y donde decía nos andaba retratando y algo así sería porque se ponía siempre como de fuera en las afueras de las conversaciones y nos miraba y sonreía todo y aplaudía y callaba y nos iba eso sacando los perfiles a base de tanto escucharnos qué menudo cabrón el viejo como muy viejo aunque era un muchacho de aquella con sus lentes gastadas Ya pues bueno pues se montó la fiesta en la tiendecita del sueco con Gustavito y Fina y Rosa y toda la guardería de viejos del bar escupiendo en el suelo y quemando vela e incluso se trajo alguien a un entendido de la ciudad un letras pedante bajo promesa de que tenía un futuro fichaje para las letras y los periódicos del mundo un viajado de esos asilvestrado de escuela que no sabe donde tiene la bragueta y tomamos Artemio sobrio más sobrio que nunca pero con un temblor indecente y nos leyó Rulán en lo mejor de la noche en un momento de esos como de aquí nos quedamos para siempre como si se fuera a quedar sin aire o de nuevo afónico y la historia era un poco rara y jodidamente triste y puedo decir sin ánimo de ofender que a mí este hombre escribiendo no me gusta nada porque encoge como las tripas y no le entiendo la mitad o suena como pues a algo dicho ya por alguien antes pero ni dios lo niega porque es de los nuestros hasta el final y hasta la muerte con el viejo y pues bueno pues leyó como hay cielo y nos dejó así como en el aire, al final (…) El Gustavito tan pulcro le comentó al día siguiente que muy bueno que muy bueno pero que para leer tendría que vocalizar mejor que soltar más despacio las palabras y sin miedo que por mucho que pensara muy bien que luego su lengua era una fuga de ideas y que si mirar al frente y que si hacer pausas y sobre todo hilar mejor las ideas con la boca y no ese reguero que soltaste Artemio y que si vocalizar hermano vocalizar y entonces el Rulán se puso supremo y le tomó el hombre contemporáneo y le besó en la frente y le dijo Gustavito pues vamos no jodas pero mira que si leo despacio se me entiende todo vocalizo bien no tartamudeo ni me pongo azorado ni me tiemblan los verbos y hablo correcto entonces ya no sería Rulán que me parecería más a ese mierda de la capital al que lee todo el mundo pero al que no quiere ni su puta madre.
Tito Quiraldo
Grabación extraída del proyecto
“Las otras historias de Artemio Rulán”
——————————






