domingo, 12 de abril de 2026

GEORGES BATAILLE. TRES POEMAS [1]


LE VIDE

Des flammes nous entourèrent
sous nos pas l'abîme s'ouvrit
un silence de lait de gel d'ossements
nous enveloppait d'un halo

tu es la transfigurée
mon sort t'a cassé les dents
ton cœur est un hoquet
tes ongles ont trouvé le vide

tu parles comme le rire
les vents dressant tes cheveux
l'angoisse serrant le cœur
précipite ta moquerie

tes mains derrière ma tête
ne saisissent que la mort
tes baisers riants ne s'ouvrent
qu'à ma pauvreté d'enfer

sous le baldaquin sordide
où pendent les chauves-souris
ta merveilleuse nudité
n'est qu'un mensonge sans larmes

mon cri t'appelle dans le désert
où tu ne veux pas venir
mon cri t'appelle dans le désert
où tes rêves s'accompliront

ta bouche scellée à ma bouche
et ta langue dans mes dents
l'immense mort t'accueillera
l'immense nuit tombera

alors j'aurai fait le vide
dans ta tête abandonnée
ton absence sera nue
comme une jambe sans bas

en attendant le désastre
où la lumière s'éteindra
je serai doux dans ton cœur
comme le froid de la mort

◊◊◊◊◊

EL VACÍO

Llamas nos rodearon
bajo nuestros pasos se abrió el abismo
un silencio de leche de hielo de huesos
nos envolvía con un halo

eres la transfigurada
mi destino te ha roto los dientes
tu corazón es un hipo
tus uñas han hallado el vacío

hablas como la risa
los vientos alisan tu cabello
la angustia que el corazón oprime
precipita tu burla

tus manos tras mi cabeza
no agarran sino la muerte
tus besos rientes no se abren
sino a mi pobreza de infierno

bajo el baldaquino sórdido
del que penden los murciélagos
tu maravillosa desnudez
no es más que una mentira sin lágrimas

mi grito te llama en el desierto
al que no quieres venir
mi grito te llama en el desierto
en el que se cumplirán tus sueños

tu boca sellada a mi boca
y tu lengua en mis dientes
la inmensa muerte te acogerá
caerá la inmensa noche

entonces habré hecho el vacío
en tu cabeza abandonada
tu ausencia estará desnuda
como una pierna sin medias

esperando el desastre
en que se extinguirá la luz
seré yo suave en tu corazón
como el frío de la muerte.

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JE ME JETTE CHEZ LES MORTS

La nuit est ma nudité
les étoiles sont mes dents
je me jette chez les morts
habillé de blanc soleil.

La mort habite mon cœur
comme une petite veuve
elle sanglote elle est lâche
j’ai peur je pourrais vomir

la veuve rit jusqu’au ciel
et déchire les oiseaux.

A ma mort
les dents de chevaux des étoiles
hennissent de rire je mords

mort rase
tombe humide
soleil manchot

le fossoyeur à dents de mort
m’efface
l’ange au vol de corbeau
crie
gloire à toi

je suis le vide des cercueils
et l’absence de toi
dans l’univers entier

les trompes de la joie
sonnent intensément
et le blanc du ciel éclate

le tonnerre de la mort
emplit l’univers

trop de joie
retourne les ongles.

J’imagine
dans la profondeur infinie
l’étendue déserte
différente du ciel que je vois
ne contenant plus ces points de lumière qui vacillent
mais des torrents de flammes
plus grands que le ciel
plus aveuglants que l’aube

abstraction informe
zébrée de cassures

amoncellement
d’inanités d’oublis
d’un côté le sujet JE
et de l’autre l’objet
univers charpie de notions mortes
où JE jette en pleurant les détritus
les impuissances

les hoquets
les discordants cris de coq des idées
ô néant fabriqué
dans l’usine de la vanité infinie
comme une caisse de dents fausses
JE penché sur la caisse
JE ai
mon envie de vomir envie

ô faillite
extase dont je dors
quand je crie
toi qui es et seras
quand je ne serai plus
X sourd
maillet géant
brisant ma tête.

Le scintillement
le haut du ciel
la terre
et moi.

Mon cœur te crache étoile

incomparable angoisse

je me ris mais j’ai froid

◊◊◊◊◊

ME ARROJO ADONDE LOS MUERTOS

Es mi desnudez la noche
las estrellas son mis dientes
me arrojo adonde los muertos
revestido de blanco sol

La muerte habita en mi corazón
como una viudita
solloza se abandona
tengo miedo podría vomitar

la viuda lanza su risa al cielo
y desgarra los pájaros

Ante mi muerte
los dientes de caballo de las estrellas
relinchan de risa yo muerto

muerte pelada
tumba húmeda
sol manco

el enterrador de dientes de muerto
me hace desaparecer
el ángel de vuelo de cuervo
grita
gloria a ti

Soy el vacío de los ataúdes
y la ausencia del yo
en el universo entero

las trompas de la alegría
suenan insensatamente
y el blanco del cielo estalla

el trueno de la muerte
inunda el universo

demasiado gozo
voltea las uñas

Imagino
en la profundidad infinita
la llanura desierta
diferente del cielo que contemplo
que ya no alberga esos puntos de luz vacilantes
sino torrenciales llamas
más grande que un cielo
cegador como el alba

abstracción informe
rayada por resquebrajaduras
montón
de inanidades de olvidos
por una parte el sujeto YO
y por otra el objeto
universo hecho trizas de nociones muertas
al que YO arrojo llorando los desechos
las impotencias

los hipos
los discordantes cantos del gallo de las ideas
oh nada concebida
en la fábrica de la infinita vanidad
tal que una caja de dientes postizos
YO asomado a la caja
YO tengo
gran deseo de vomitar deseo

oh fracaso mío
éxtasis que me traspone
cuando grito
tú que eres y serás
cuando yo ya no exista
X sorda
mazo gigante
destrozando mi cabeza.

El titilar
lo alto del cielo
la tierra
y yo

Mi corazón te escupe estrella

incomparable angustia

me estoy riendo pero tengo frío.

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L’ÊTRE INDIFFÉRENCIÉ N’EST RIEN

I

Chapeau
de feutre
de la mort
le givre
la sœur
d’un sanglot
gai

la blancheur
de la mer
et la pâleur de la lumière
déroberont les ossements

l’absence
de la mort
sourit.

II

le corps
du délit
est le cœur
de ce délire.

III

Les lois de la saveur
assiègent
la tour de la luxure

IV

L’alcool
de la poésie
est le silence
défunt.

V

J’ai vomi
par le nez
le ciel arachnéen
mes tempes amenuisées
achèvent de l’amincir
je suis mort
et les lis
évaporent l’eau distillée
les mots manquent
et je manque enfin.

VI

Les mots du poème, leur indocilité, leur nombre, leur insignifiance, retiennent sur le cœur l’instant impalpable, baiser lentement appuyé sur la bouche d’une morte, ils suspendent le souffle à ce qui n’est plus rien.

La transparence de l’être aimé, miraculeuse indifférence, ce qui égare, égaré dans le cristal innombrable de la lumière: n’y penser jamais plus

VII

L’éclair
retourne les yeux
la joie
efface
la joie

effacée
vitre de mort
glacée
ô vitre
resplendissante
d’un éclat qui se brise
dans l’ombre qui se fait

je suis
ce qui n’est pas
j’ouvre
les dents mêlées
des morts
et les grincements de la lumière
qui m’enivre
de l’étreinte
qui s’étouffe
de l’eau
qui pleure
de l’air mort
et de l’âme de l’oubli

mais rien
je ne vois
rien
je ne ris plus
car à force de rire
je transparais

◊◊◊◊◊

EL SER INDIFERENTE NADA ES

I

Sombrero
de fieltro
de la muerte
la escarcha
la hermana
de un sollozo
alegre.

La blancura
de la mar
y la palidez de la luz
arrebatarán los huesos.

la ausencia
de la muerte
sonríe.

II

El cuerpo
del delito
es el corazón
de este delirio.

III

Las leyes del sabor
asedian
la torre de la lujuria.

IV

El alcohol
de la poesía
es el silencio
difunto.

V

He vomitado
por la nariz
el cielo telaraña
mis enflaquecidas sienes
terminan de adelgazarlo
estoy muerto
y los lirios
evaporan el agua destilada
faltan palabras
y finalmente falto yo.

VI

Las palabras del poema, su indocilidad, su número, su insignificancia, conservan en el corazón el instante impalpable, beso lentamente posado en la boca de una muerta, dejan el aliento suspenso en lo que ya nada es.

La transparencia del ser amado, milagrosa indiferencia, lo que extravía, extraviado en el cristal incontable de la luz: no pensar en ello nunca más.

VII

El relámpago
torna los ojos
el gozo
borra
el gozo.

borrado
cristal de muerte
helado
oh cristal
resplandeciente
de un fulgor que se rompe
en las crecientes sombras.

soy
lo que no existe
abro
los dientes mezclados
de los muertos
y el rechinar de la luz
que me embriaga
con el abrazo
que se ahoga
el agua
que llora
el aire muerto
y el alma del olvido.

mas nada
nada
veo
ya no río
pues a fuerza de reír
me transparento.
——————————
[1] De L'archangélique et autres poèmes, 1944.
De Lo arcangélico y otros poemas, 1944.
En Lo arcangélico y otros poemas, Madrid, Visor, 1982.
(Trad. Pilar Ruiz Va)

sábado, 4 de abril de 2026

MANUEL ASTUR. CINCO POEMAS [1]


LOS BROMISTAS

Mi madre me contó que, cuando era niña,
unos hombres que partían leña
cogieron una gallina blanca que pasaba por allí,
la pusieron sobre un tocón
y de un hachazo le cortaron la cabeza.
Después, dejaron que el cuerpo siguiera andando
hasta que, al cabo de unos metros, cayó muerta.

Todos se reían.

Atardecía. Olía a resina y a tierra húmeda.
Había las golondrinas. El cielo
se oxidaba como una manzana pelada.
El repicar de la campana de la pequeña iglesia
caminaba por el valle como una vaca que regresa a la cuadra.
La eternidad se lavaba los pies cansados en el arroyo.

Dónde fuisteis, hombres que reíais,
tremendos bromistas.
¿Sois ahora la gallina decapitada?
¿O nacemos sin cabeza
y esos pasos,
esos pasos ciegos son la vida?

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NUNCA MÁS

Nunca más llegaré a casa al amanecer,
nunca más el salón y la cocina sorprendidos,
como una abuela buena y sordomuda, no miraré
los ojos jóvenes en el espejo del baño, sabiendo que al fondo
hay agua fresca y nueva, nunca más
me meteré en la cama estrecha sin más culpa
que todos los pecados que querría cometer
ni otro remordimiento
que lo poco que, pudiendo hacer, dejé para después,
nunca más me dormiré con la luz clara entrando por la ventana
de esa celda donde inventé tantos dioses, justo
cuando comience a oír el susurro del nuevo día,
a ti tosiendo en el pasillo, a mamá rozando cosas,
preparando la ceremonia. Creía
consumirme antes de tiempo, pero
sólo quería seguir durmiendo.

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GORRIONES

Hemos avanzado mientras dormíamos
en el sistema solar
en la constelación
en la galaxia.
Hemos caído más adentro
y cuando despertamos
seguimos aquí:
en mitad del sueño.

Nos bañamos en la vida
como los gorriones en la ceniza fría
de una gran hoguera.

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EL TRONCO SECO

Desde la ventana de mi estudio
veo dentro del bosque
un árbol seco
al que le ha caído la corteza.

Brilla el tronco pelado
tan rojo entre tanto verde
que siento que mi vigila
como la estatua de un dios anciano
que me pidiera que le recuerde su nombre.

Tu nombre, digo sin mover los labios,
tu nombre es el mío.

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SU AMO

El perro duerme y se agita en sueños
tal vez cazando.
Si aprende sin darse cuenta,
si no es consciente de estar despierto
o de estar soñando, ¿qué aprende,
qué nos trae entre los dientes
de aquel lado donde pasa más de la mitad
de su vida?
Y, sobre todo,
¿quién es allí su amo?
——————————
[1] De El fruto siempre verde, Barcelona, Acantilado, 2024.

domingo, 29 de marzo de 2026

BEN CLARK. CINCO POEMAS [1]


EL REGRESO [2]

Regresar de la muerte es improbable.
Regresar del amor un imposible.

La persona que vuelve sin saber nunca a dónde,
bajo las tenues luces de farolas quebradas;

la persona que vuelve sin saber nunca a dónde,
sabiendo que sus viajes ya no sirven;

no conoce otra patria que el pecho de la ausencia.
No entiende ya la lengua de los hombres,
y todas sus costumbres le parecen banales.

Esa persona triste que ha visto medio mundo
buscando los dos cuartos desgajados del alma
no quiere volver nunca. No puede volver nunca.

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CAMPUS [3]

Algo funciona bien en este campus.
Es la hierba.
No son los cuerpos tersos, tan perdidos
en la mañana obtusa del deseo.
No son estas palabras; no es el agua
de esta fuente maltrecha y ponzoñosa.

Es la hierba.

Crece sin esperanza y crece verde,
constante, compasiva.
Y hay veces que se eleva
y viaja entre carpetas y entre apuntes estériles
de asignaturas muertas. Es la hierba.
Dolorosa y paciente. Su embajada y su lecho.
La hierba verde y triste.
Oda a la juventud recién cortada.

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CERES [4]

Para Fabio de la Flor

Admiro a los amigos que hacen pan
y los cuido y protejo con conjuros
inventados, escribo
poemas en su honor y, si se mudan,
vendo mi biblioteca y doblo mal
la ropa y la introduzco
en bolsas de basura y voy con ellos,
a su barrio, a su calle,
a su mismo edificio si es posible,
y así me dan el pan, el pan que han hecho
esta mañana, anoche, ayer, no importa,
tierno siempre, caliente aunque esté frío.
El pan. Y mis amigos me comprenden
y no se espantan, saben que no sé,
que no puedo, que nada
me gustaría más que no tener
que molestarlos siempre con el mismo
cuento; el pan, vuestro pan, me da la vida,
hace que me arrepienta y que me alegre
a la vez del tratado que firmamos
mucho antes de nacer: habrá personas
fecundas que harán pan, que enseñarán
a sus hijos el truco y que no tienen
a cambio que hacer nada.

Y habrá personas huecas como yo,
hijos sin hijos, nombres moribundos,
que a cambio de una pizca de ese amor
tendrán que proteger a los que saben,
cuidarlos siempre, amar a los que saben
y no pedirles nunca lo que es suyo
y agradecer las migas cuando falte
el pan, y ser amigo cuando no
haya nada de nada y sólo queden
palabras sobre el pan, y si eso ocurre
ser abrazo de roca y ser su barca,
porque esa es su tarea, la tarea
de un hombre que no puede y que no sabe,
pero que ama y comprende los milagros.

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LOS ROTOS [5]

Todas las divisiones son mentira
salvo la que divide los cuerpos en dos
grupos incomprensibles entre sí.
Aquellos que se han roto y los que no.

Los rotos no pedimos demasiado:
que se nos quiera, sí,
que los que no han vivido la fractura
tengan paciencia
si mascullamos viendo las noticias
o hacemos el amor
con un poco de miedo.

Entenderás, entonces, ciertas cosas.
Por qué en casa las tazas no se tiran
y por qué a veces quiero
estar solo después de que suene un portazo.
Los ritos de los rotos, amor mío.
Ademanes que espero que no comprendas nunca.

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PASSAR EL MISSATGE [6]

Todavía conservo tus mensajes
en el móvil. A veces los releo
en momentos de espera,
momentos anodinos en Correos
o en la pescadería
del barrio donde siempre hay cola y todos
piden la vez diciendo hola,
                                            ¿el último?

Quiero decirle al mero que estás muerto,
gritarle al langostino: ¡ha fenecido!

Eso te haría gracia. Que un poema
elegíaco hablara de un crustáceo
decápodo que escucha tu sei morto,
mientras él mismo muere entre salmones
y señoras pidiendo perejil.

¿Qué más?

Todavía conservo tus mensajes
en el móvil. Diálogo
de besugos, de imbéciles, de imbécil
que guarda todavía los wasaps de un amigo
como quien guarda fotos, libros, cartas.
Pero nadie teclea en el teléfono
pensando en la obra póstuma,
pensando esta carita sonriente
será un día un tesoro.

¿Qué más?

En mi isla, los difuntos inventaron
una forma sencilla
para anunciar su muerte entre los vivos.
El missatge. Noticia de un deceso
que había que passar de vecino a vecino
sin entrar en las casas,
hasta llegar al mar.
Y, para no quedarse con la muerte,
el último debía contárselo a una piedra.

Una piedra es mejor que un langostino
como imagen poética,
pero el muerto está muerto, eso no cambia,
pero el mensaje quema en el teléfono
y en la pescadería digo Yo,
yo soy el ultimísimo habitante
de su recuerdo; solo, con un pie
junto al acantilado
dejo caer tu nombre entre la espuma,
dejo caer tu nombre entre los peces
salvajes que jamás podrán pescarse,
sonriendo, me digo tu nombre, tan pequeño,
y cae entre las olas a las rocas
y entrego así el mensaje.

Te digo adiós y aprieto, al fin, Borrar.
——————————
[1] En Poética y poesía. Ben Clark, Madrid, Fundación Juan March, 2025.
[2] De Cabotaje, 2005.
[3] De La mezcla confusa, 2011.
[4] De La policía celeste, 2018.
[5] De La policía celeste, 2018.
[6] De Demonios, 2023.

domingo, 22 de marzo de 2026

ÁNGEL GONZÁLEZ. CINCO POEMAS [1]


Esperanza,
araña negra del atardecer.
Te paras
no lejos de mi cuerpo
abandonado, andas
en torno a mí,
tejiendo, rápida,
inconsistentes hilos invisibles,
te acercas, obstinada,
y me acaricias casi con tu sombra
pesada
y leve a un tiempo.

Agazapada
bajo las piedras y las horas,
esperaste, paciente, la llegada
de esta tarde
en la que nada
es ya posible…
                      Mi corazón:
tu nido.
           Muerde en él, esperanza.

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AYER

Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.

A eso de las siete cruzó el cielo
una lenta avioneta, y ni los niños
la miraron.
                      Se desató
el frío,
alguien salió a la calle con sombrero,
ayer, y todo el día
fue igual,
ya veis,
qué divertido,
ayer y siempre ayer y así hasta ahora,
continuamente andando por las calles
gente desconocida,
o bien dentro de casa merendando
pan y café con leche, ¡qué
alegría!

La noche vino pronto y se encendieron
amarillos y cálidos faroles,
y nadie pudo
impedir que al final amaneciese
el día de hoy,
tan parecido
pero
¡tan diferente en luces y en aroma!

Por eso mismo,
porque es como os digo,
dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra.

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CUMPLEAÑOS DE AMOR

¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
—prolongándome, vivo, hacia la muerte—
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
—qué importa que no sean estos ojos—
te seguirán a donde vayas, fieles.

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MENSAJE A LAS ESTATUAS

Vosotras, piedras
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos
el último perfil que os dejaron:
senos inconmovibles a un suspiro,
firmes
piernas que desconocen la fatiga,
músculos
tensos
en su esfuerzo inútil,
cabelleras que el viento
no despeina,
ojos abiertos que la luz rechazan.
Pero
vuestra arrogancia
inmóvil, vuestra fría
belleza,
la desdeñosa fe del inmutable
gesto, acabarán
un día.
El tiempo es más tenaz.
La tierra espera
por vosotras también.
En ella caeréis por vuestro peso,
seréis,
si no ceniza,
ruinas,
polvo, y vuestra
soñada eternidad será la nada.
Hacia la piedra regresaréis piedra,
indiferente mineral, hundido
escombro,
después de haber vivido el duro, ilustre,
solemne, victorioso, ecuestre sueño
de una gloria erigida a la memoria
de algo también disperso en el olvido.

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Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde dejo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego

lo que me queda: un resto de esperanza.
Al siempre va. Mantengo mi postura.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.
Pero nunca o amor, mi fe segura:
jamás o llanto, pero mi fe fuerte.
——————————
[1] De Sin esperanza, con convencimiento, 1961.
En Palabra sobre palabra, Barcelona, Seix Barral, 2008.

domingo, 15 de marzo de 2026

JUAN LUIS CALBARRO. CINCO POEMAS [1]


HABLA LA AUTORIDAD

Que un futuro en pacífica comunidad
sólo lo encontraremos
en altos y rítmicos herbazales de plantas apétalas,
al margen de toda musical tentación de silencio,
nadie de buena fe lo negará.
Pero algunos aún dudan:
dudan de la necesidad de
espadachines e injuriadores,
dudan de que para conseguirlo haya que
asumir la transformación en mero tejido gástrico
de una comunidad entregada
a aquellos cirios muy gruesos y pesados
que se utilizaban en la liturgia.
De esos insolentes,
hay unos pocos que incluso alcanzan
la calidad de intolerables.
Dios los ha maldecido.

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ANTIGUAS CONTRADICCIONES (Y II)

Hacia el interior.
Hacia el fondo en agraz de los barrancos:
hacia el interior.
Lejos del son de las excavadoras.
Donde está la raíz
y nacen las corrientes, si es que nacen.
Hacia el rumor de nubes.
Lejos del mar del tráfico y del tráfico y
de la luz del mar: muy sin metales.
Hacia el interior.
Donde crece el cardón.
Donde la nada.
Hacia el interior:
donde volaba el guirre.
Hacia el claro misterio de las aguas.
En el justo momento
(todo momento es justo).
Sin el calzado especial: hacia la vida.
Con el riesgo constante de
ser sal para siempre.
Hacia el interior:
con desnudez pisando aquella roca.
Como un presentimiento, sin nunca
haber osado.
A conciencia, con saña:
hacia el interior.
Con el mirar pequeño y
dos pulmones.
Parando en
cada mata, en
cada insecto,
con la dulce avaricia de los viejos.
Con la desesperanza de los débiles: tocando
cada brizna.
Cada roca.
Hacia el interior:
hacia el interior.

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Invirtiendo la vida en aquel predio,
aunando los esfuerzos por ahorrarlos,
desecando marismas,
atareando bueyes,
construyendo acueductos, inventando
los ritmos del trabajo. Cosechando.
Y de este modo treinta buenos siglos.
Habéis roto los ábacos
y no hay tierra tan ruin que no os acoja.
Tal vez algunos libros darán fe
a su áspero modo.

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Hay en Cuba una especie de naranjo
de follaje cerrado.
Las hojas son minúsculas,
invitan al silencio.
En sus ramas, los frutos
son pequeños y dulces, tan discretos.
Incorpora misterios a su aroma…
Finalmente, no importa.
Nadie compara el zumo con la sal
que esconde toda copa. Nadie espera.
En Cuba hay un naranjo. Lo hay. Punto.

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Domesticamos seres.
La calabaza:
cuando la vaciamos
y arrojamos al suelo
la pulpa y las semillas, la secamos
y usamos su carcasa despojada,
humilde recipiente,
nos creímos tan listos…
No sabíamos que las abejas liban
en el plan de las flores.
Que nos iremos
y la simiente que hemos despreciado,
entonces, multiplicará la vida
sin orden ni sentido.
——————————
[1] 1 y 2, de Sazón de los barrancos, 2006.
3, 4 y 5, de Museos naturales, 2013.
En Caducidad del signo. Poesía reunida (1994-2016), Mérida, Editora regional de Extremadura, 2016.

domingo, 8 de marzo de 2026

JOSÉ HIERRO. CINCO POEMAS [1]


ENCADENADOS

Se fue muriendo todo,
pero ellos no murieron.
La madera del hombre
duró más que sus sueños.
Lo que muere del hombre
vivió más que lo eterno.
Se murió la esperanza
y siguieron viviendo.
Sólo los perros mueren
al morirse su dueño.

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PLENITUD

Quién libertó la música y el oro,
quién, y qué mano.
Quién, con qué mano, desató el sonoro
viento del verano.

Su inmenso vino azul, sobre mi frente
el cielo gotea.
Y sé que todo vive eternamente
aunque no lo vea.

Quién cortó los racimos encendidos
de este mediodía,
sanó los ojos que dejara heridos
la melancolía.

Mientras el mar maravilloso toca
marinas campanas,
ola y playa se besan en la boca
como dos hermanas.

Se ha roto el tiempo y la tristeza. Reina
la eternidad viva.
La brisa canta su canción y peina
la orilla cautiva.

Oh, tiempo (yo, sin tiempo) se alejaba
de los que le amaron.
De entre las manos en que lo acunaba
me lo arrebataron.

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NOVIEMBRE

Frente a la playa desierta,
oyendo caer la lluvia,
es como si hubiera vuelto
a llorar sobre mi tumba.

Baten las alas (las olas).
Arden sus llamas de espuma.
Aprisionan en sus dedos
la plata que las alumbra.

Todo está fuera del tiempo.
Pasan las nubes oscuras.
La arena, como una carne
sin tiempo, llora desnuda.

Los ojos ya no ven: sueñan.
No atinan con lo que buscan.
Las cosas están enfrente,
mas tienen el alma muda.

Se vertió el vino del ánfora
celeste de la aventura.
Ay alma, por qué volaste
con las alas que no eran tuyas.

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ARMONÍA

Quise tocar el gozo primitivo,
batir mis alas, trasponer la linde
y volver, al origen, desde el fin de
mi juventud, para sentirme vivo.

Quise reverdecer el viejo olivo
de la paz, pero el alma se me rinde.
¿Quién es sin su dolor? ¿Quién que no brinde,
sin pena, su ayer libre a su hoy cautivo?

Y ¿quién se adueñará de la armonía
universal, si rompe, nota a nota,
grano a grano, el racimo, los acordes?

¿Quién, si olvida que es cuna y tumba, día
y noche, honda raíz y flor que brota,
luz, sombra, vida y muerte hasta los bordes?

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PONIENTE

Quién pudiera robar la llave
de tu corazón amarillo:
la llave de plata y fuego.

Quién pudiera romper tu cárcel,
volar a tu centro encendido
a desnudar tu gran misterio.

Llave de plata y fuego. Llave
de tu corazón amarillo
donde teje su tela el sueño.
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[1] De Quinta del 42, 1952.
En Poesías completas (1947-2002), Madrid, Visor, 2017.

domingo, 1 de marzo de 2026

JULIO RODRÍGUEZ. CINCO POEMAS [1]


EXTINCIÓN

Hay quien lo vocifera en un grafiti
o lo rapea al viento con descaro;
también hay quien se pone
trascendental o místico,
quien maldice o blasfema, quien eleva
su cólera a la enésima poesía.
Hay quien lo cuenta en un sesudo ensayo
y hay quien no necesita más que un haiku
(Este camino
           ya nadie lo recorre,
                      salvo el crepúsculo
).
Poco importa la forma en que se diga;
la suerte, por desgracia, ya está echada.

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PREVISIÓN DEL TIEMPO

Es nuestro amor un puerto de montaña
tomado por la nieve, que no deja
apenas entrever la carretera.
Y eso explica esta calma y este frío.
Y puede que también estas cadenas.

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LEJOS DEL RUIDO

No recuerdo su nombre.
Sí que era amarillo
—o tal vez verde— y que dormía
sobre una sola pata
con un ojo cerrado y otro abierto.
Recuerdo cómo tras haber volado
por todos los rincones de la casa
acababa volviendo
por sí mismo a la jaula
(no lo entendía entonces;
ahora sé que no era
muy distinto a nosotros).
No recuerdo su nombre.
Pero sí que el primer fin de semana
que nuestros padres nos dejaron solos
lo encontramos muerto
(de pena, supusimos,
aunque lo más probable
es que fuera de hambre).
No recuerdo su nombre.
Pero sí aquella incómoda
cercanía del ruido
que nos dejó la ausencia de su canto.
La mirada distinta al mismo mundo.
Primera cicatriz de tantas otras.

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CARDIOGRAMA

Hoy, todo bien; mañana no se sabe.
Subes a lo más alto; tocas fondo.
Coges aire; te quedas sin aliento.
Rebosas tinta; dejas la hoja en blanco.
Ríes, lloras, descubres que has estado
al borde del abismo todo el tiempo.

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ROAD TO SADNESS

Los lunes y los martes te recuerdo
con esa terquedad de lluvia fina
que enturbia sin cesar el parabrisas;
los miércoles me llueves todo el día
(tus gotas se deslizan persiguiéndose
unas a otras por la ventanilla);
los jueves tomas forma de aguacero,
dejando ver el mundo únicamente
por el retrovisor —que es un abismo—;
y los viernes, resuelta ya en tormenta,
me anegas el camino hasta el domingo.
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[1] De Señales para futuros arqueólogos, Madrid, Rialp, 2025.