domingo, 7 de junio de 2026

JUAN GALLEGO BENOT. CINCO POEMAS [1]


I

PLURALIDAD DEL NOMBRE

Yo he podido recorrer
por ti todos los campos,
todas las amplias nubes fronterizas,
la mar hastiada de molicie,
el llano fierro inoportuno.

He cantado al blancor
y a la dulzura del mundo,
he dicho que podría
dar el alma por ti
y tantas cosas.

Hoy, que el sol
relumbra amenizando
el más terrible verano,
podrías ser cualquier otro:
mis cantos son tan generales...
                                 Aún puedes ser
cualquier otro en otros ríos,
otros días intranquilos,
calurosos y tristes.

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XVII

Si pudiera darte un hijo
con tus ojos y mis manos
no sería más cercano en este sitio
que este joven rostro moreno
tan solo en un rubor aún desconocido.

Sus dedos no asirían la vida
con tanto amor como este ser
tan lleno de nosotros;
¿serán sus ojos caña verde o rama dorada?
¿Tendrá su frente el brillo del trigo?
¿Recibirá la herencia del carbón nocturno?

¿Podrá mi hijo alcanzar los árboles
con su brazo fuerte?
¿Sabrán sus manos a la luz santa del río,
hablará la lengua de los ardientes leones?

Será su milagro un ruiseñor tranquilo,
su voz será la esperanza de la tierra.
Sabrá amar,
sabrá decir que es amado.

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XVIII

Lo que no es de mi carne
que no vuelva a mi carne.
Lo que viene de mi cuerpo
que no pertenezca a mi cuerpo.

No poseeré la tierra:
allanaré los campos y regaré
las flores de tu vientre. Veré
florecer los almendros
y pasearé en tu compañía
los caminos blancos.

Será la luz nuestro mayor orgullo;
nuestro mayor placer, su limpio recorrer
libremente el mundo. Y cuando,
viejos, contemplemos el espacio,
sabremos felizmente que no es nuestro
todo lo que en él originamos.

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XXVI

En octubre vuelan como un rito
y buscan lugares buenos. Allí
esperarán a que la tierra les sea
plácida. ¿Dónde estará mi cuerpo fatigado?
Resguardado de sí, encerrado
en la ficción de este amor que ya no existe:
sabe
que no vendrán tiempos mejores

(hace siempre mejor tiempo en tus moradas).

Y sin embargo cada día una voz nueva,
cada día un tímido recuerdo de la virtud
del aire, y sin embargo
tu vientre acariciando mi vientre:
confío en tu venida, estoy despierto.

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XXIX

Estoy hablando contigo
entre los árboles.
Tu voz es el recuerdo.
¿Sabré volver? La lluvia
que me descubres dice
mi nombre. Señalas
y nombras todas las cosas.

Sabré vivir mejor, con este cuerpo
nuevo que se me ha dado.
Conoceré de nuevo
(de nuevo me explicarás)
los amplios misterios
y reirás conmigo:
pero ahora yo sólo conozco
el olor del viento en este bosque.
——————————
[1] De Oración en el huerto, Madrid, Hiperión, 2020.

sábado, 30 de mayo de 2026

PEDRO GARFIAS. CINCO POEMAS [1]


Cómo os habrán punzado
miradas mías los ojos esquivos
que tornáis
sangrantes las alas
a vuestro nido

Miradas que tembláis
como dos surtidores,
cómo os habrán herido

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Bajo sus pies florecía
la mañana
y en sus cabellos traía
la luna clara

la clara luna
intacta

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CLARIDAD

Epifanía

Hay un temblor en la montaña musical

Clavado en el monte el sol
faro de las nubes náufragas

Y en mis pupilas
tus pupilas ancladas

Epifanía

La luz se quiebra en tus mejillas

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ROMANCE DE TUS OJOS

Cómo he buscado tus ojos
anoche, tus ojos negros.
Todo era negro en la noche.
Por las ventanas del cielo
veía asomar tus ojos,
tus ojos negros,
y los míos los buscaban
desalados por el viento
hasta volver a sus nidos
como pájaros enfermos.
De los árboles colgaba
tu negra mata de pelo.
Pero tus ojos, adonde?
adonde tus ojos negros?

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Angustia de ese grito
que ha venido temblando
por el aire llagado
a llamar en mi pecho
con un febril anhelo...

Angustia de ese grito
sabe Dios de qué pecho mensajero.
——————————
[1] De El ala del Sur, 1926.
En El ala del Sur, San Nicolás de los Garza, Universidad Autónoma de Nuevo León, 1980.
Los interesados disponen de una versión completa del poemario en www.parnaíso.elaladelsur.es.

sábado, 23 de mayo de 2026

ROSA BERBEL. CINCO POEMAS [1]


EL AMOR MODIFICA LA TRAYECTORIA DE LOS VIAJES

La suerte del amor es ese instante
en que vuelves a casa
como un niño
y te preguntas de nuevo cuánto falta
cuánto falta otra vez
para el futuro.

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ORÁCULO DE DELFOS

En Delfos inventaban el futuro,
nunca lo anticiparon.
No hay adivinación posible en los oráculos
ni en sucesivas formas de misterio,
sino una luminosa fe creativa.
Astrología, bolas de cristal, tarot,
las palmas arrugadas y secas de las manos,
todo funciona igual y se sustenta
anafóricamente,
sobre la misma idea:

siempre, sin ninguna excepción,
la imagen crea el acontecimiento.

Cuando digo mañana nos convoco.

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PRIMER AMOR

Era verano entonces y a nosotros
nos picaban las piernas del sudor
y la euforia.

Desde aquel día parece que los demás
tan tibios
se quieren siempre menos.

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SAQUEAR EL TEMPLO

La fiesta terminó
y la casa ya no era nuestra casa.

Todos los invitados se llevaron consigo
un trozo de la fiesta, como el que arranca
piedras de un bello templo griego.
Los veíamos marcharse con las primeras luces.
Tocándose la cara, acelerando el paso.
Un árbol cae en el bosque sin hacer ningún ruido.
Nadie lo escucha. Nunca ha existido el árbol.
¿Dónde caemos nosotros?

Nos han dejado aquí a la intemperie:
no hay paredes, ni casa, ni amor para las cosas
que ya no poseemos.
Tendemos en el suelo el mantel sucio
y admiramos con qué silencio pueden
desvanecerse los lugares sagrados.
Nadie en el bosque, nadie en la ciudad.

Deberíamos buscar una palabra para nombrar
el gesto de quien queda en la casa
cuando todos se han ido.
Esto es lo que somos.

Se llama devoción.

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EL FINAL DE LOS RITOS

Estamos en la calle y es de noche.
Me acompañas a casa por un sendero viejo,
lleno de oscuridad y de maleza.
Bordeamos las palabras igual que bordeamos
el final de la noche.
Lo hemos pasado bien, ha sido divertido,
y ahora estamos confusos en la selva
de los significados.
Ignoramos aún lo que seremos,
la posición exacta del idioma.

Pero la noche es más y más oscura
y el camino a la casa va alejándonos de ella.

En medio de la noche, en la selva brillante
donde florecen nombres y palabras
y objetos puntiagudos,
el reconocimiento es imposible.
Nos tocamos con rabia nuestros cuerpos,
queriendo dilatar ese entusiasmo torpe
de no poder poner límite al mundo.
Creemos tener más tiempo que el resto de la gente.

Pero cuando alcanzamos el final de la noche,
cuando al fin conquistamos las palabras
y el mundo es claro y bello y generoso,
la ciudad se derrumba y el sendero
nos pone justo enfrente del lenguaje,
delante de su abismo.

Hemos llegado tarde. La casa está en ruinas.

Y el universo entra por el hueco
en el que antes había una ventana.
——————————
[1] 1, 2 y 3, de Las niñas dicen siempre la verdad, Madrid, Hiperión, 2018.
4 y 5, de Los planetas fantasma, Barcelona, Tusquets, 2022.

domingo, 17 de mayo de 2026

HOMERO ARIDJIS. CINCO POEMAS [1]


DE UN DÍA DE DICIEMBRE

Desde temprano
pesada de sueño la mujer
arrastró su cuerpo fatigado
por las horas iguales
y de gris en gris
llegó a la noche sin despertar

Todo su día fue oscurecer

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ENTIERRO

En sucesión los coches funerarios
pasan junto al mercado de las flores
como si a la calle populosa la cruzara
un largo olor a muerto

Sólo por un momento
porque la tarde que huele a negro
a gasolina y grito
huele también a luz

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El rey Nezahualcóyotl pintó en su cara
siete líneas de vida

en cada raya iba el sonido
que hace la luz en el aire

y en el sonido el color
que hay en las cosas

pero un día la lluvia lavó en su cara
las siete líneas de vida

y el rey miró en el agua
los ojos de otro Netzahualcóyotl que lo miraba

(por sus miradas pasó la vida)

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SUEÑO EN TENOCHTITLAN

I

Toda la noche
entre las casas blancas
atravesé el canal
los remos cortaban en el agua
el verde silencioso de los sauces
y revolvían las sombras de los templos
Del otro lado del canal
en una barca amarilla venías tú
con la cara pintada de rojo
y por un momento nuestras barcas
se cruzaron bajo el puente azul
y ya no pude seguir
tus ojos que me miraron
clavaron en mi corazón
flechas de luz

II

Tus ojos dejaron en el aire
pájaros azules
y tu cuerpo dejó a su paso
cuerpos luminosos
alrededor de ti todo se calmó
las gentes que pasaron por las calles
entraron una en otra
sin salir de sí mismas
yo atravesé tu cabeza transparente
yo levanté tus manos impalpables
yo bebí luz de tu pecho
yo

un gallo negro nos despertó

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TEOTIHUACAN

Idos los hacedores de soles y de lunas
los constructores de templos y de tumbas
desvanecidos los dioses en los cerros
y perdidos los hombres en la noche
por la desierta calle sólo vaga un perro hambriento
con toda el hambre de la historia en sus entrañas
y todas las puertas cerradas a su paso

¿Quién siguiéndolo por la Calzada de los Muertos
atravesando los espectros que flotan en la tarde
entre serpientes mariposas y pájaros
al penetrar el espacio de la ciudad fantasma
no ha de llegar por siempre al destino del hombre?

Aquí donde se construyó una y otra vez
el templo sobre el templo y el hombre sobre sus cenizas
aquí en el poniente extremo
donde se precipitaron juntos sacerdotes y edades
y donde el quinto Sol se ha de hundir en la noche terrestre
brilla todavía nuestro sol cotidiano
Muertos los dioses y deshechas sus obras
los siglos al final se hacen palabras
ruinas mordidas por la luz y el viento
y el hombre en su agonía no sabe
hacia dónde reclinar la cabeza
ni con qué voces dirigirse a la muerte
mientras por el valle desolado sólo pasa
el más inasible de los dioses el aire
——————————
[1] De Construir la muerte, 1982.

sábado, 9 de mayo de 2026

LAURA RODRÍGUEZ DÍAZ. CINCO POEMAS [1]


he roto
la lámina del cielo
con la violencia de
una nube
una orilla a cada costado
para gritar sin voz
Yo anuncio
mi espada es un lirio
que obliga a abandonar
todo movimiento
quieta
si cierras los ojos
verás

una escena en pausa
es un gesto repetido
infinitamente
vendrán los hombres
y soñarán
el cruce blanco de tus manos
para tocarlas
pulcra dadora de vida
los incrédulos te rezan
obediente casi niña
te rogamos nuevos
lactantes del sistema
una madre es la madre
eres
abre tus pechos turbios de leche
prometemos no cerrar la boca
jamás
vivir es una voluntad inacabada
el deseo de algo que no
sucede
ir hacia
dónde
prometemos no terminar
de ser hijos hambrientos
las mismas manos nos iluminan
mi bóveda celeste es igual a la tuya
tengo alas tienes manto
eres mi reflejo ya sé hablo sola
soy un ángel y una virgen
un espejo
sobre el que digo
así sea

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cuando estamos cansados
podemos ser una ficción
un animal recién inventado que dispara
al cielo y espera una respuesta
sobre la frente como sucede
en los poemas muy antiguos
donde existen las nubes blancas
y los niños conocen las higueras
porque han probado sus frutos
la palabra es la cosa entonces
nadie abre la boca con los ojos cerrados
nadie descubre que lo terrible
puede empezar y terminar en silencio

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a veces encierro dulcemente
un pájaro en la boca
para sentir el temblor
de todas las muchachas
con úteros vacíos
manos desplegadas
impacientes por ser alguna nube
aunque la sangre desmembre
cada día sus cuerpos
odio a estas muchachas
porque nadie me dio palabras
para reconocer que las deseo
otras veces miro al cielo
y soy una de ellas
con las extremidades divididas
a la espera de un ángel

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parto la manzana en dos
señalo las semillas
tenemos ombligo
y muerdo su carne
ahora decididamente
todo avanza hacia la ruptura
pero llevar en la boca la realidad
es una forma de conquista
verbo espejo
nuevo fragmento de mí
en el que habito el deseo
yo lo anuncio yo
y yo y yo y yo
¿nos escuchas padre?
no queremos estar limpios

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cruzo un desierto sin nombre
máscara de todos mis paisajes
busco en él un caballo denso
como la ola que escuchamos
frente a un mar de noche
no lo quiero para poder huir
el caballo no es un camino
es un dedo sobre el mapa
que ya no nos contiene
los cartógrafos recuerdan la edad
con la que dibujaron el mundo
sin embargo no saben qué rostro
tuvimos nosotros entonces

es mi deseo de ver el reflejo
del sol sobre su pelaje
mientras me va cercando la sed
por no haber huido a caballo.
——————————
[1] De Anuncio, seguido de Las niñas de plata, Barcelona, Ultramarinos, 2023.

domingo, 3 de mayo de 2026

ROLANDO KATTAN. CINCO POEMAS [1]


IUS SANGUINIS

Emigran del pasado los abuelos.
Me sueñan en transpirados camarotes,
viajan con dos piedras apagadas,
son dos lágrimas calizas de montaña.
En una empuñan la tierra prometida,
en otra la promesa de una nueva casa.
A través de mi sangre
sucede un celuloide en la retina.
Platillos de balanzas invisibles
tasan exilios en mi ADN.
Aquel verbo que fecundó el carbono
es lo poco de astro que me queda;
malgasté la esperanza que confiaron
a la pálida cordillera, a mi tísico hueso.
¿Qué parte brindaré a mis ancestros?
Confundí el amor con el barro de mis muros,
no debí quemar las naves.
Soy tampoco de aquel destino,
me parezco a los íngrimos desiertos.

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HOMERO DESPUÉS DE WHITMAN

Había presenciado la súplica de Héctor:
Otorgad clementes
que el hijo mío sea como su padre ha sido,
campeón escogido y orgullo de su gente;
que poderoso reine sobre la vasta Ilión;
que cuando vencedor vuelva de la pelea,
digan todos al verlo: «vale más que el varón
a quien debe la vida»
.
Vi el reflejo que deja el infinito
en la mirada de los hombres justos.
Eran tiempos anteriores a Whitman
y solo podía reinar el victorioso.
La poesía señaló en el bosque
otras maneras de la dignidad,
las palabras que la madera calla.
Hago patria con todos los vencidos,
porque el que pide volverse victorioso
suplica por la derrota del otro.
Whitman consuela ese desequilibrio:
Por qué voy a empeñarme en que Dios
sea otra cosa mejor que este día.
Hay una belleza oculta que mis hijos
deben reconocer en sus heridas:
No solo el perdón cose y cicatriza:
Hay que hacer casa con árboles caídos.
Qué importa si regresan humillados
por un amor, por una consonante.
La derrota es un reino de redimido.

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CARMEN

Me persigue un dolor exacto,
una tribu de definiciones.
Cada letra en el espinazo,
sangre que rescribe sus heridas.
Una canción huérfana de viento.
Una cicatriz que se concibe como flauta.
Escribí escondido entre las fieras,
escarbando vértebras
como una sombra oscura
en una pintura negra.
Publiqué como quien desliza un papel
por la ranura de una puerta.
Estas palabras que tus ojos leen
no son inmortales como las de Petrarca,
ni fueron dictadas por el ángel.
Tu lectura las vuelve sagradas.
Todo el que lee un poema
es cómplice de un milagro.

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EN FUGA IRREVOCABLE

Mientras otros edifican un muro,
busco mi casa entre las constelaciones.
Otros quieren preservar una ley;
yo, un camino que anduve enamorado.
Mientras otros editan las historias,
yo salvo las cartas de los abuelos.
Otros quieren izar una bandera,
yo escuchar el ocre de la serpiente.
Mientras otros ocupan territorios,
yo escribo poemas a los olivos.

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FE DE PREFIJOS

Nos acercábamos al Ágora de A Coruña
en un suburbio a lo alto del costero paisaje:
«Este barrio fue creciendo con los emigrantes».
Yo, que jamás dejé el corazón en una yarda,
interrumpí, precisando el prefijo: «inmigrantes».
Sentí ardorosa la sangre de mi brazo izquierdo,
caí en cuenta de que un prefijo es postura política.
Solo el que visita panteones sin sus muertos
y lo hace para que la tierra le sea leve.
Quien resucita a su aldea cantándole al polvo,
y el mar de esperanza es frontera innavegable.
Solamente esa mujer que pare en otra lengua,
dolorosamente se reconoce emigrante:
el prefijo es estaca en la yarda abandonada
donde se faja un corazón huérfano de pecho.
——————————
[1] De Omisión del ángel, Madrid, Visor, 2025.

domingo, 19 de abril de 2026

LUIS MUÑOZ. CINCO POEMAS [1]


OCHO DE LA MAÑANA

Le miro cómo duerme enredado en la sábana.
La esponja del descanso le borra los sentidos.

Deja pasar dos planchas moteadas de luz
la ventana entreabierta,
picotea en el borde de un tiesto de geranios
un gorrión tremante
con ojos de cabeza de alfiler
y el picoteo se hace
del ritmo de una frase inquisitiva.

Pero no se despierta.
Se abraza a la almohada, se hunde como en nubes
y me atrapa al volverse alzando una rodilla.

No sé si formo parte de su sueño.
Querer es una escala y no sé si alcanza al sueño.

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EL PESCADOR

Lo contaba fumando algunas tardes
cigarrillos sin filtro,
trabajando despacio la bruma de un recuerdo.

—Era allí —decía
mientras pisaba algas pegajosas,
la arena ennegrecida de alquitrán
o una medusa seca.

—Allí rompía el mar cuando vinimos.

El compás de su vida lo marcaban
un puñado de imágenes sin tiempo,
un tajo de cuchillo, un sexo de mujer
y un cadáver mojado.

—Aquí lo descubrí lleno de erizos.

Iba de una a otra, como de un cielo a un infierno
por el mismo camino, sin poder detenerlas.

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SÓLO

Sólo algunos objetos de tu casa
se reparten la sal de tu memoria.
El resto está a la espera de alimento,
o de servir para algo.

Te reclaman los unos y los otros
el veneno que irrumpe en los viajes.

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UNA BUENA RAZÓN

Ocurre que, de pronto,
se desmigajan las razones
como un trozo de pan
en el estanque de los patos.
Ninguna es sino un bocado fácil,
un cuerpo aguachinado sin destino
y sin movilidad,
sin reflejos, sin consistencia.

Ocurre que, de pronto, delante de los patos
no vales lo que vale tu desgana.

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BOSQUE DE LEIGHWOOD

A Luis Antonio de Villena

Los fui viendo llegar semana tras semana
con la misma explosión
de primera alegría, con la audacia espumosa
de sus brindis, cogidos de la mano
o evitando cogerse,
cruzar por los senderos, parar bajo los árboles,
respirar el profundo vapor de los confines
y creerse que todo estaba aquí,
igual que todo está, y lo parece,
en donde falta el mundo.

De la ausencia me he hecho como un alma gemela.
Soy para ella el hombro en que se apoya,
su juego de metáforas, su condición de nido,
su espejismo, y soy según el caso,
su sombra blanqueada, su envés de multitudes,
el hueco de su hueco y alguno de sus nombres.
Igual la sustituyo que la invento,
igual la recompongo que la acciono.

A los hombres los sigo como al buscarme el pulso.
Se tumban junto al lado,
descansan la cabeza sobre el otro,
se quitan la camisa, se hablan dulce,
del sol hacen la fiesta de sus cuerpos
y prometen ser siempre igual que en esta orilla.

Yo muevo entre las ramas sus deseos
y silbo con el viento de la tarde.
Conozco las esquirlas de sus dudas,
cómo temen y sueñan en la misma medida
y cómo creen mirar desde el futuro.

Quizá cuando se engañan a sí mismos
hacen volar su último horizonte.
Quizá valen el precio de engañarse,
el puñado de luces alentadas,
como hierbas de aroma, que arrancan a su paso
y el motor con que rondan su destino.

Se sumergen las brumas semana tras semana
y se funden al lado de los hombres.

Ellos se marchan lentos casi siempre
con la mirada clara, el pelo retumbado
y el tesoro de imágenes movido sin remedio.

Yo lo sigo y los mido y como en un pasatiempo
señaló las casillas, descubro las jugadas
y aventuro finales cada vez.
——————————
[1] De El apetito, 1998.
En Limpiar pescado. Poesía reunida, Madrid, Visor, 2005.