domingo, 27 de septiembre de 2026

ELISABETH MULDER. CINCO POEMAS [1]


ESPERANZA [2]

Me sentaré a la orilla de este río
y junto al agua pura esperaré,
entregado a la calma mi albedrío
y encendida la antorcha de mi fe.

Sé que el día vendrá; el día bueno
y la mañana de resurrección,
como el antídoto de un veneno
que salve a mi corazón.

Esperaré el milagro; la divina
transformación de la penumbra en luz.
Aguardaré a que nazca la mañana

y a la orilla de esta agua cristalina
trocaré en palma la pesada cruz
y el miserere en triunfal hosanna...

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MANDAMIENTOS [3]

Vivir
todas las horas apasionadamente,
intensamente.
No ser
ni cobarde ni avara
de nada.
Sufrir
y sentir
plenamente.
Ni el dolor ni el placer
rechazar.
No negar.
No huir.
Y amar...

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CULTO INTERIOR [4]

A fuerza de sembrarte en el espíritu
florecerás Dios sabe en qué Universo...

El nombre inmóvil brotará algún día
de su tierra fecunda de silencio.
Y habrá otra estrella más bordando de oro
la túnica ligera de los cielos,
otra luz en la noche de los siglos,
otra aurora en la sombra de los tiempos.

Esencia destilada poco a poco
del íntimo fervor hecho tormento,
serás una molécula de aroma
recogida en el vaso de lo Cierto.
Nombre interior, dormido en el mutismo,
cuando despiertes, ¿qué nocturno inquieto
o qué día claro medirá tu ritmo
y acordará las notas de tu eco?

Ahora estás en mi espíritu encerrado
cual puede estarlo un cuerpo en otro cuerpo.
Yo, que no sé en qué mundo he de verterte
cuando rompas mi abrazo de silencio,
sé que vas a una vida que perdura
porque naciste de un temblor eterno.
Y espero verte subrayar la noche
con tu rubio fulgor, lucero nuevo,
sintiendo tus raíces luminosas
desprenderse del surco de mi seno.

A fuerza de sembrarte en el espíritu
florecerás Dios sabe en qué Universo...

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NOCTURNO SEXTO [5]

Lejanía del mar. Y siempre lejanía.
¿Soy yo, ante ti, forma, plasticidad,
viva arquitectura de mi verbo,
en el que existo?
¿O eres tú
quien me da los contornos
de mi voz, de mi angustia,
de mis múltiples ecos,
de mí misma?
Yo en ti navego, y tú
te tiendes en mis playas
a bañarme de espumas siempre vivas.
Con qué atroz claridad de claridades
me das mi dimensión,
mi lejanía,
mis límites, quebrados arenales,
mis ficciones de estrellas encendidas.

Horizonte clavado en mi horizonte,
mar sobre mar
y orilla sobre orilla.
Espejo de mi ritmo, reflejado
movimiento de mí, latir unísono,
sucesión uno y otro de sí mismo.
Ir y venir de transitorias olas,
mediodías, crepúsculos, esquivos
plenilunios magnéticos...
Abismos.
Yo bogando por ti,
tú por mis mares,
¡qué noche proyectada al infinito!
No. Nunca más soñar como he soñado.
No. Nunca más querer como he querido...
Y este pulso de amor ¿dónde lo vierto?
Y este sueño de ser ¿dónde lo vivo?

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CANCIÓN DE MARINERO EN EL DÍA [6]

¡Que se quiete ese laurel,
que lo voy a deshojar!
Lirio, tápate la cara,
desmáyate tú, rosal.
Vengo borracho de yodo,
y de velas, y de sal.
¡Que no me valga la tierra
lo que me ha valido el mar!

Vena henchida de esmeraldas,
sangre de joven temblar,
con eco de caracolas
y un acento de alquitrán,
¡traigo el corazón mecido
en cuna de pleamar!
Con combas de algas calientes
voy a ponerme a saltar
como entre rabo y cabeza
de un culebrón tropical.

El remo vale tu tronco,
bosque de verde piar,
y tú no tienes la risa
de la espuma de cristal
ni cuencas de arena tibia
donde a desnudarse van
olas de lomo pintado
como plumas de faisán.
Ni quiero brisa de nieve
ni quiero sol de zaguán.
¡Enciéndame un faro rojo
donde haya un pulso de mar!
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[1] En Antología poética, Alicante, Biblioteca virtual Miguel de Cervantes, 2023.
[2] De Sinfonía en rojo, 1929.
[3] De La hora emocionada, 1931.
[4] De Paisajes y meditaciones, 1933.
[5] De Poemas mediterráneos, 1949.
[6] De Poemas mediterráneos, 1949.

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