DE RERUM NATURA
Estas ramas de vid que están ardiendo,
el humo derramado
en el inmenso azul,
el pájaro y la espiga, los arbustos
que ciegan el camino de herradura,
todo lo que ahora veo frente a mí
cambia muy lentamente
de estructura y aspecto,
pero no se disipa en el vacío.
Disertaba Lucrecio sobre el tema
con lucidez:
aunque todo ha surgido de la nada,
no regresa a la nada. Muere el hombre
y muere el animal,
y los cuerpos varían
en la disposición de sus moléculas,
pero no se deshacen en la nada.
La muerte es un estadio
en el inexorable
devenir de este mundo.
Nada vuelve a la nada.
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EN EL ACUARIO
Nos hemos detenido para ver
los peces que deambulan
más cerca del cristal. En el reflejo,
nuestros cuerpos traslúcidos
parecen sumergidos en las aguas.
En esta dimensión
de planos que se imbrican sobre planos,
el salón con moqueta
se convierte en el hall de un buque hundido.
Los peces flotan
entre los cadáveres
de la tripulación fastamagórica
que ahora componemos.
En esta realidad tan verdadera
como la propia realidad,
no somos más que formas
en descomposición, materia efímera
en el fondo del tiempo,
los restos de un naufragio sin porqué.
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ESTUVE ALLÍ
Estuve allí
y a un tiempo desterrado
a una región inhóspita.
La oscuridad, igual que un agua sucia,
inundó los senderos,
y mi cuerpo ensartado
resbaló por el filo del presente
(polvo hacia el polvo). Entre las hojas
mi volumen de sombra se abismó.
Y me quise marchar,
y estaba ciego.
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DE LA SABIDURÍA
En una carta extensa —y muy estoica—
lo cuenta así Petrarca:
Desde la cumbre el sabio
dirige la mirada hacia los hombres
que yerran confundidos
por el valle penoso del vivir;
los mira con desdén mientras se afanan
en alcanzar riquezas,
consumiendo entre sombras
la tan breve carrera de sus vidas.
Confieso que quisiera
contemplar a los hombres de ese modo
y no sentir piedad.
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GOTA DE LLUVIA
He detenido el paso
en la acera mojada.
He mirado hacia el cielo de la noche
y he visto a contraluz, en las farolas,
miles de gotas blancas desplomándose.
Nacían de lo negro sin pasado,
hambrientas de llegar a algún destino.
Caían incesantes como trizas
de tiempo despeñado sobre el tiempo.
He elegido una gota
y he cerrado los ojos
por guardarla un instante en la retina.
En mi mente, esa gota
se ha convertido en símbolo
de todo lo que fluye sin descanso,
de todo lo que fluye
—como la vida misma—, inexorable,
hacia su conclusión.
——————————
[1]
De
Hombre en la niebla,
Madrid, Rialp, 2012.

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