PAREJAS
Van apagándose las luces
de un rojo atardecer y, ya en penumbra,
minúsculas batallas acontecen
en cada banco, en cada esquina.
Por todo el parque, jóvenes parejas
—y algunas que hace tiempo lo hemos sido—
avivan fuegos invisibles,
sin temor a los dioses del Olimpo.
Depositarias del legado
que el mismo Prometeo les cediera,
hacen uso del mágico poder:
se inmolan silenciosas
en la incesante hoguera.
Es el deseo pura yesca, y la carne rama seca.
Y son manos y labios llama viva
que incendia cuanto toca… Y es el pulso
un potro desbocado que golpea
—eterno y perentorio ritmo—
la tierra con sus cascos de obsidiana.
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LA LUZ HARÁ MUDANZA
La luz hará mudanza en nuestros ojos
y poblará de nimbos los desiertos.
Tras demoler el aire y redimirse ante los seres,
proclamará con su bramido
eterna lealtad al eje de la siembra.
Ni tú ni yo seremos cómplices
de aquellos que postulan
la vida y el deseo entre tinieblas.
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CON TINTA INVISIBLE
Intentaré esbozar sobre la carne
el ángulo preciso, el fiel contorno
de cada letra y la insondable
codicia que reflejas en mis ojos.
Insistiré en trazar sobre la piel, a orillas
de tibios e incesantes remolinos,
esa palabra que en verdad defina
el súbito temblor, el estallido.
Transitaré los páramos sin luna
abiertos cada noche ante mi asombro.
Dibujaré las sendas que me ayudan
a traspasar agrestes territorios…
Los mapas de la fe con que profeso
tu ardiente credo. El único que existe
para este ciego amante que suscribe,
para este enamorado de lo obsceno.
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DORSUM
¡Ah!, quién fuera argonauta
en el amable surco de tu espalda, quién pudiera
eternamente navegar ese bendito cauce
por donde habrá de discurrir la estela
de aquella gota desbocada…
Perla encendida que recorre
la blanca desnudez con que tu nuca
aviva mi deseo, mientras
resbalo irremediablemente
tras ella hacia el abismo, proclamando
incendios e indulgencias
en cada uno de los poros de tu piel.
֍ ֍ ֍
MI CASA
Donde se encuentre el brillo de tus ojos,
allí estará mi casa.
Donde perviva un resto, un solo resto
de mi memoria entre tus labios,
allí también tendré mi hogar,
y me sabré
cerca de ti y de tus abrazos
en todos los parajes indecibles
que hayamos frecuentado juntos.
Y contigo estaré por siempre
en cada habitación de cada hotel
que hayamos visitado, tras la puerta
cerrada por mi mano vacilante
en el momento de partir,
ya celoso del tiempo rubricado.
También mi casa se cimienta
en cada ola, en cada estruendo
y en las gotas de hirviente espuma
que estallan hoy en nuestros pechos.
En el rayo que aún nos hiere
con su más plácido misterio.
Seguirán siendo, acaso, mi morada
todos y cada uno de aquellos lugares
en los que tú y yo
nos hayamos sentido como en casa,
y en lo que habrán de convertirse
otros tantos, Dios mediante.
Pero, ante todo, sé
que he de habitar tu pensamiento:
esa será mi verdadera casa.
Y solamente
cuando se acabe el tiempo
ofrecido en el cuenco de tus manos,
iniciaré mi silencioso
y lánguido regreso hacia el olvido.
——————————
[1]
De
Ley no escrita,
Gijón, Bajamar, 2022.

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