domingo, 18 de febrero de 2024

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI. CINCO POEMAS [1]


ADOLESCENCIA (2)

“Los tigres beben agua de esos ojos”
(Octavio Paz)

No te ocultes
cuando la blancura nos llame con estrépito
y excave en los ábacos.
                                            Sin más luz pedregosa,
más acá del fuego enaguazado
que te sacia con sobresalto,
a manos llenas rescata el barro que perece.

Hoy
el día no nos transporta a ninguna frágil antorcha,
ni el albor envenena los paisajes más enfermos de las manos.
Hoy el día es un disparo reencarnado
que no repite a los acróbatas del dolor.

Con toda la carne en vela,
                                            te arqueas
como quien aguarda un aldabonazo de savia gorda.

Enero de 1979

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PANFLETO CONTRA LA COMPASIÓN (1)

De súbito,
hay un hospital celeste
                                            celeste
donde un hombre se diluye
como un pez con grandes labios de nieve,
sin una cucharada
                                 o un bocado de amor jadeante,
teñido de frío.

Me asomo
y quiero
palpar tus brazos carbonizados por la compasión,
la piedad empotrada en los carteles de publicidad.
De tanto amor no estrenado,
las vidrieras crepitan
                                            debajo de la piel
de quienes cortan su diario mendrugo de sombras.

Cuando nadie nos ama,
las ortigas copulan entre nuestros dedos.

Abril de 1979

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CRISTINA

“Los niños corren, son de plata y
nada conocen de esta ruina en que se pierden”

(Fernando Aramburu)

Soy negro
                      Cristina
y acabo de enamorarme de mis propias manchas
sólo los niños
sacuden la brisa sin mancharse el iris
sin aplaudir
a un mar de ojos tapiados

es terrible tener las manos fuera del amor

Junio de 1979

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JANIS JOPLIN SE INCRUSTA EL ÚLTIMO ALARIDO [2]

El rey se subió por sí mismo al tejado.
Se llevó en los bolsillos las llaves de todas las iguanas
y algunas oscuridades ciertamente perceptibles,
desparramadas por suelos y tijeras, yérguense.
Gélida puerta donde brota la arcilla que espejea en tus pechos
y en tus manos untadas de limo fluorescente
o bordadas con largo infierno,
Janis,
reina del humo, muñeca de ceniza aullando
por los cuarenta escalerones de New York,
cuando el cielo voltea guadañas violetas
y cercena de cuajo altísimos corajes
como teas aladas, cosidas en el rostro
a pura sombra, a sangre lenta, a chorros amativos,
y tú eres Janis borracha hasta el sobaco,
o como cuando dijiste: —Señor, ¿me toca?,
así con la cara más verde que jamás asomará por una taquilla,
así con la casa a oscuras donde Janis te mordías,
la casa que intentaba parecerse
un tren que a lo lejos aprisiona tu melena.
Mira, descubre cómo el insomnio hace saltar el himen
                                                                  de todos los termómetros,
aprovecha este postrero minuto de pasos y hedentinas,
antes que te recuestes a ras de la jeringa finalmente,
suprema de niebla, Janis estrujada, Janis derretida,
y en lo oscuro florezca
el dolor
como único idioma humano
que no podemos traducir a la luz.

Septiembre de 1979

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INSOLIDARIO

A Juan Martínez de las Rivas

Beso las paredes de mi casa,
una a una,
con jadeo iridiscente.
Cerraría la puerta como un árbol de náusea
para soñar
—pleamar de brasas silentes—
pero no es claridad
este remanso que barre mis venas
y escancia su flama en la carne.
A qué hora,
con qué diástole de nieve,
me olvidé de la hierba tullida
que aletea azul en lo humano.

Octubre de 1979
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[1] De Árgoma, 1980.
En Los descalzos. Poesía completa (1976-2023), Madrid, Hiperión, 2023.
[2] Este poema fue escrito en unión con mi amigo Fernando Aramburu (N. d. A.)

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