domingo, 7 de abril de 2024

ADRIANA BAÑARES. CINCO POEMAS [1]


EGB

Nos pintaron el amor de mil rosas,
nos hablaron de la fe en Dios,
de ser buenos, comprender al diferente
porque todos somos iguales.

Nos turbaron cada vez que nos tocamos
por pintarnos el sexo de mil pecados.
Nos alinearon en la puerta del colegio.
No empujéis, niños, arrimaos a la pared.

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CHAMPÚ INFANTIL

Han escuchado gritos al final de la calle, pero, como siempre, han vuelto a pintar de blanco el salón. Les da por quemar los muebles una vez cada diecinueve meses. Quieren reinventarse en lugar de irse de esta ciudad. Otro color, otra madera, otro hijo muerto. Procurando engendrar uno nuevo cada dos años. Cada tres muere el mayor, y así será siempre. Tienen pánico al primogénito, al paso del tiempo. A la vejez. Se alimentan de sus hijos, a quienes mutilan aun estando vivos para no perder las vitaminas. Como a los gatos se les llena la garganta del pelo, a éstos se les queda entre los dientes rastros de champú infantil.

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LA PRIMERA PIEDRA

El cielo se desprende sobre nosotros en forma de fibra de vidrio.
Millones y millones de partículas heladas que se posan en mi rostro, resintiendo la mirada (helándola por dentro), extirpando lágrimas que se hacen hielo antes de llegar a la comisura de los labios.
El cielo, hoy, se desprende sobre nosotros.
El cielo se rebela contra nuestras almas descarriadas, cansado de lanzarnos indirectas, cansado de nuestra ignorancia y esta prepotencia que nos impide ver lo absurda que es nuestra existencia.
El cielo, hoy, se desprende sobre nosotros.
El cielo nos persigue como dardos blancos, simulando una paz que nunca nos ha dado y nunca nos dará. Porque fuimos creados para ser incapaces de apreciar lo que nos sienta bien.
El cielo, hoy…
Se adentra en mis ojos, solo veo frío; se clava entre mis uñas, todo tacto es amargo; se posa en mis zapatos, pesado, hasta hundirme en el suelo, hasta la cintura, esperando a que alguien lance la primera piedra.

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MI LENGUA NO ALCANZA LA DISTANCIA

La vigilia patenta la distancia si no recuerdo.
Si te pienso como un inicuo personaje de mi vida
dejo de tener miedo. Pero quién me salva de la noche
de los sueños que recogen y reviven los mejores momentos.
                                 —Me arden los labios y los ojos.—

Mi cuerpo despierta muerto.

Mi cuerpo despierta muerto. Suben hormigas por mis piernas
y caigo
y me rompo.
Este frío que me adormece me arrastra a ti.
Trato tanto de encontrarte aunque ya no seas tú
ni yo quien sueñe
con mi lengua cansada suplico en voz baja
pero no alcanzo la distancia.

Mi lengua no alcanza la distancia.
Mis palabras no llegan. Resbalan por la noche
por las comisuras y las pestañas y me arden los labios
y los ojos.
Mi lengua no alcanza la distancia.
Abril trae el recuerdo de una ausencia
trae tanto tu rostro
como tu dolor y el incontinente llanto de la primera noche
en tu terreno.
Cuando nuestra desnudez parecía anticipar un para siempre
que hoy cumple dos años muerto.

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NUESTROS MUERTOS

Nos observaron impotentes, no pudieron reprendernos. Tus muertos, que me ven y lo saben todo me odian y se jactan de mi agonía. Los demás, cuando se aburren se largan. Apagan el televisor, el reality de nuestras vidas, y pasean sin rumbo. Ni siquiera se miran. Nuestros muertos, no se encontrarán con nosotros, ni nos echarán de menos, ni siquiera volverán para decirnos qué hemos hecho mal. Solo nos mirarán el día que lleguemos y, sin cambiar su gesto distante, nos tirarán con el mando en las narices, para buscar en el mundo de los vivos las lágrimas de nuestros amantes.
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[1] De Engaño progresivo, Valladolid, Fundación Jorge Guillén, 2012.

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