CANCIÓN XXVII
Gran esfuerzo da al vivir
esperar verme venido;
mas, triste esperar perdido,
¿qué puede haber tras partir,
si no sólo haber partido?
Venida que tanto alcanza,
no se ha de esperar que venga.
No hay corazón que sostenga
tan deseada esperanza,
por poco que se detenga.
En el medio está el morir,
entre el venir y ser ido.
¿Qué esperar hay tan perdido,
que espere sino partir,
después de tan mal partido?
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SONETO XLIII
Ponme en la vida más brava, importuna,
do pida a Dios mil veces la mortaja;
ponme en edad do el seso más trabaja,
o en los brazos del alma, o en la cuna.
Ponme en baja o en próspera fortuna;
ponme do el sol el trato humano ataja,
o a do por frío el alto mar se cuaja,
o en el abismo, o encima de la luna.
Ponme do a nuestros pies viven las gentes,
o en la tierra, o en el cielo, o en el viento;
ponme entre fieras, puesto entre sus dientes;
do muerte y sangre es todo el fundamento;
donde quiera tendré siempre presentes
los ojos por quien muero tan contento.
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SONETO LI
¿Qué estrella fue por donde yo caí
en el mundo con tanta pesadumbre?
¿Cuál madre ya de vida me dio lumbre?
¿Por qué me echó tan huérfano, y así?
¿Quién primero holgó, cuando nací?
¿Cuál dolor me subió tan en su cumbre
que no hallé remedio en la costumbre,
y hoy sienta más lo que ayer más sentí?
¿Por qué no morí en el vientre, o en naciendo?
¿Por qué me tomó nadie en sus rodillas,
criándome entre vivos, no viviendo?
Forzado es ya que vaya descubriendo
entre mis enemigos mis mancillas,
y unos lloren y estén otros riendo.
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SONETO LXXXII
Cargado voy de mí doquier que ando,
y cuerpo y alma, todo me es pesado;
sin causa vivo, pues que estó apartado
de do el vivir su causa iba ganando.
Mi seso está sus obras desechando;
no me queda otra renta, ni otro estado,
sino pasar pensando en lo pasado,
y cayo bien en lo que voy pensando.
Tanto es el mal, que mi corazón siente
que sola la memoria de un momento
viene a ser para mí crudo accidente.
¿Cómo puede vivir mi pensamiento,
si el pasado placer y el mal presente
tienen siempre ocupado el sentimiento?
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SONETO CXXIX
Garcilaso, que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente le alcanzaste,
dime: ¿por qué tras ti no me llevaste
cuando de esta mortal tierra partiste?,
¿por qué, al subir a lo alto que subiste,
acá en esta bajeza me dejaste?
Bien pienso yo que, si poder tuvieras
de mudar algo lo que está ordenado,
en tal caso de mí no te olvidaras:
que o quisieras honrarme con tu lado
o a lo menos de mí te despidieras;
o, si esto no, después por mí tornaras.
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[1]
De
Las obras de Boscán y algunas de Garcilasso de la Vega repartidas en cuatro libros,
1543.
En Juan Boscán. Poesía, Barcelona, Orbis, 1983.
En Juan Boscán. Poesía, Barcelona, Orbis, 1983.

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