NO precisa palabras
ni ser conjugado,
el verbo primero,
el primer nombre
nacido de la luz del único día.
La afirmación presente:
yo soy
ahora y siempre,
antes de la bruma,
después de la ceniza.
֍ ֍ ֍
ESCRIBO tu nombre,
la palabra inmaculada,
para que en mi ausencia,
quien lea tu nombre
evoque mi tacto
sobre la piel de tu nombre
y tome,
en mi nombre,
tu nombre
en vano.
֍ ֍ ֍
CUANDO el tiempo se lleve
los residuos de mí,
la pequeña memoria
que a la vejez escapa.
¿Qué será de nosotros,
cuando nada haya sido?
Cuando el olvido niegue
la densidad de las horas,
la unidad de lo amado
será lo que nos quede.
֍ ֍ ֍
BUSCAMOS en otra carne
la exactitud que niega el tiempo
a la lenta incertidumbre
de nuestra propia carne.
Un mandato genético o divino
impuesto desde antiguo
al animal y al hombre.
Una eternidad inmóvil
que nos mienta un instante
y nos haga inmortales.
Buscamos en otra carne
la afirmación,
la negación
de la putrefacción de nuestra carne.
֍ ֍ ֍
LA soledad es una larga espera,
en la que el tiempo muerto o detenido
es un espejo curvo que exagera
el ritual repetido de estar vivo.
Es un inmenso yo
despedazado,
esparcido y ladrón
de prójimos y ajenos.
——————————
[1]
De
Vocación del día que comienza,
Zaragoza, Reus, 2009.

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