domingo, 23 de junio de 2024

EDUARDO YAGÜE. CINCO POEMAS [1]


SOLEDAD

La soledad muerde. Sus mordiscos lentos nos grapan la boca del estómago. El alimento no llega, nos convertimos en gasolineras fantasma en mitad de desiertos habitados por fantasmas.

Los fantasmas suelen aparecer en medio de la noche, cuando, bailando con la soledad, ésta nos pisa los zapatos nuevos. Pisotón tras pisotón los dedos lloran, supuran silencio, lucha despiadada y tensa.

En el desierto vive el terror, serpientes emplumadas, coyotes camarero.

El desierto cubre con arena otro desierto.

Ese desierto es el infierno; los días son cucarachas desdentadas.

Hay que atravesar el desierto de noche y sin linterna, sin armas, sin aliento, de la mano de la muerte, desnudo como el hielo.

Hay que pararse en mitad del desierto, formar parte de él.

Esperar sentado, trémulo, a que pase el repartidor de oasis, dios, un escorpión.

O nada.

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VENTILADORES

¿Qué hace un ventilador en invierno?

Agazapado en su gruta trastero, es un gigante en miniatura soñando con Quijotes, con estepas, con películas de Bogart, con humo, serpentinas, mecheros, pelirrojas.

Un ventilador en invierno es un oso calvo sin hambre, sueña que está despierto y no puede moverse; recolecta polvo, es una provincia vacacional de ácaros domingueros, esquiadores. Un ventilador en invierno es la suspensión, el sueño en blanco, quizá una potencial resurrección.

Algo más triste que un ventilador en invierno soy yo en febrero conectándolo, sintiendo sus cuchillas en mi estúpido corazón desnudo y sin aspas.

Me desenciendo.

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DOMINGO

Aquel sombrero era la muerte de mis padres.

Un campo de concentración es un patio de colegio. Una pared rebota contra un balón como un cerebro contra los recuerdos. Crece la hierba en las aceras. Las aceras son propiamente la orilla del mar. Las olas se rompen, se hacen añicos, barrer los restos es una condena.

Los olores tienen piernas. Detrás de los ojos se cierra el signo de interrogación. Los barcos ponen rumbo al sur. Son animales prehistóricos huyendo de la glaciación y de la muerte. Dentro de uno de ellos va mi sangre.

La tarde de los domingos está rebozada de oxidumbre. El domingo es el fin del de los tiempos, los relojes podrían vomitar en cualquier momento.

Suena el teléfono. Hacía mucho que no sonaba tan rojo y rotundo al fondo del pasillo de la casa de mi infancia.

La muerte de mis padres es un sombrero de ala ancha.

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TRAIDOR

Una posible opción es ser traidor.

Si amas el odio, la rabia, el silencio. Si has nacido con el cordón umbilical alrededor del cuello y te gustan las autopsias. Si tienes siempre sed. Si has viajado alguna vez en dirección al sol, como una de esas polillas con traje de derviche.

Si siempre tienes frío y los veranos los pasas moviendo tus patas de cangrejo. Si el mar te produce arritmias y desenfreno. Si has pensado en asesinar implacablemente, como un oficinista o un barrendero.

Si quieres reencarnarte, si te gustan los despojos, si sientes más respeto por una tumba que por un muerto.

Si estás sentado en tu casa viendo la televisión.

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QUIETUD

Me admira la precisión con la que todo se está quieto. Los libros. Las cortinas. La ropa del armario. El armario. Las sillas. La lámpara ideando. La alfombra. Mi corazón.

La luz solar decae según la tarde avanza. La luz eléctrica es un amanecer extraoficial y sorprendente. La superficie de los muebles me invita a surfear en sus olas con la palma de la mano, carne en la que se estremece la madera.

Me admira la precisión con la que todo se está quieto. Los semáforos. Los transeúntes. Los coches. Las aceras. Los ascensores. La lluvia. La luz. Mis ojos.

La ciudad ha comprendido a las montañas, mastica mineralmente.

El tiempo ha declarado tregua, se ha parado a descansar en las avenidas y callejas, junto al río, en los atajos, junto a los bosques de acero y hojas y hormigón y resina. En los cajones.

El cristal de la ventana necesita nuevamente una limpieza, no se queja, no lo pide, sólo muestra su sucia, lúcida desnudez.
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[1] De Lucernario, 2007.
Los interesados disponen de una versión completa del poemario en www.parnaíso.lucernario.es.

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