domingo, 20 de octubre de 2024

ÁNGEL GONZÁLEZ. CINCO POEMAS [1]


CUMPLEAÑOS

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

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MUERTE EN EL OLVIDO

Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
                      Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
—oscuro, torpe, malo— el que la habita…

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Voz que soledad sonando
por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola,
todo lo que va tocando.

Así es mi voz cuando digo
—de tan solo, de tan triste—
mi lamento, que persiste
bajo el cielo y sobre el trigo.

—¿Qué es eso que va volando?
—Sólo soledad sonando.

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LLUVIA SOBRE LA NIEVE EN PRIMAVERA

Exhumando ateridas margaritas,
la lluvia
recupera el color para la tarde.
Ninguna
cosa ha desaparecido:
la piedra vuelve pura
—más que antes—
y la tierra es la tierra como nunca.

El frío se corrompe por los bordes,
se fatiga, se ensucia,
pierde gracia y materia, sobrevive
en improbable espuma.

Desesperado esfuerzo de la nieve
que aún intenta aferrarse a la blancura,
son esas huellas de tus pies, intactas,
que el agua va llenando de ternura.

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Perros contra la luna, lejanísimos,
llevan hasta los ámbitos
más próximos la inquietud de la noche
rumorosa. Claros
sonidos, antes inaudibles,
se perciben ahora. Ecos vagos,
jirones de palabras, goznes
agrios,
desasosiegan el recinto en sombra.

Apenas sin espacio,
el silencio, el inasible
silencio, cercado
por los ruidos, se aprieta
en torno de tus piernas y tus brazos,
asciende levemente a tu cabeza,
y cae por tus cabellos destrenzados.

Es la noche y el sueño: no te inquietes.
El silencio ha crecido como un árbol.
——————————
[1] De Áspero mundo, 1956.
En Palabra sobre palabra, Barcelona, Seix Barral, 2008.

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