LA VÍCTIMA ENTRE AZUCENAS
Amanezco de sombras
en la aurora difunta de tu pecho
despojo de los aires
Tránsito el de la espada
Te extinguen ya los galgos de la nieve
en suave travesía
Se agobian las cervices de las olas
más fuertes que mi sueño
Y tú pereces
No hay ni una flor gritando al mar
Y tú pereces
Solo queda el abismo
y una voz rodeándote
en gula de azucenas
֍ ֍ ֍
NUBE A SU PESAR
Los que visteis un pie a deshora
cuando se hace tarde para el nácar
los que anhelasteis prolongar las manos noche y día
hacia la nube más hospitalaria
Guardaos del error de sus cabellos fríos
del silencio que se despeña en sus mejillas
No penséis la codicia del aire que colma
ni temáis por su sueño que conduce al olvido
Dormirse unos minutos bajo la golondrina
aligerarse dulcemente
amanecer sin nostalgia como el cantor deseado
que nos acerca a los patines
Porque ella ha dejado su autoridad en el pan sin enojarse
֍ ֍ ֍
UNA TARDE DE ITALIA
Ojos parados y aguas por beber
sobre la colina y sobre la dalia,
soledad de siglos velando promesas
de voces que fueron, de palomas fracasadas.
Por aquí pasaron durmientes en sombra,
vírgenes descalzas como la ociosidad,
emperadores pálidos estirpe de la niebla,
impacientes ansias prontas a nevar
sobre esta huida que reclama mi presencia.
Porque el viento me empuja a las tierras calladas,
y soy sólo una hoja oprobio del otoño,
porque yo también he pasado
en la veleidad de una cabellera,
en la ceniza de unos ojos.
֍ ֍ ֍
HAY un mayo cualquiera
que vanamente desafina,
y da una lumbre sorda
a rosas sin sentido,
que deshoja palabras
o nostalgia en el aire.
Hay como una impaciencia
de vivir al borde del abandono,
seca música alternativa
que irrumpe en nuestra nada.
Hay una tristeza póstuma
de juventud fluctuante
que el sueño bambolea al atardecer.
Hay días en que nos vence
el torpe escoliasta de la pereza,
nos devoran el fuego y la música
en el indiferente destino.
Cuando se envejece agriamente
¿qué importa el azul caído en el barro
o la lejanía recalcitrante?
Todo en la vida es humo,
belleza ahumada,
clara hendidura donde tedio y niebla se funden.
Se mira de reojo al amor,
al bosque, a las colinas,
pero por todas partes
espesura y remordimientos
extienden sus ramas secretas
que nos ahogan
porque los falsos dioses nunca olvidan.
Dadme ahora el orgullo
del que sobrevive a la confianza
y arroja por la borda
todo el desánimo que ondea como una bandera,
todos los trofeos que la vida ha ido acumulando
en ese desván que se identifica con la noche.
֍ ֍ ֍
BRUSCAMENTE es notoria la tristeza de las calles mudas,
sin un color desentonado,
sin una rosa envejecida como un suvenir de la bancarrota.
Crispados en la improvisación de la porcelana
los viandantes sienten el ultimátum de la desventura
en la humedad de la madrugada
y los restos de espuma en las piedras grises
de la humildad
donde un perro solitario abandonado por incorruptible
nos hace desaires
al filo de recodos excluidos de la amenaza
y husmea en el pasado de las imposturas.
El misterio del mediodía
alborea entre la niebla como la predestinación
y los escasos transeúntes
arrastran sus armaduras sin vértebras,
corren por el laberinto de los días claros
como parias que intentan abrir puertas que no existen.
Lisonjeados por la buena conciencia
unas palomas se desvanecen dentro de nosotros
y hay espejismos demasiado sutiles—
y así y todo ignoramos las claves del secreto.
——————————
[1]
En
Antología (1927-1987),
Gijón, Trea, 2009.

No hay comentarios:
Publicar un comentario