sábado, 26 de abril de 2025

FRANCISCO PINO. CINCO POEMAS [1]


EL PECHO

Aquí cesa el clamor; ya nada canta.
Aquí el silencio su contorno imprime.
Sólo el pecho, nevado y tan sublime,
de pie puede servir a la garganta.

Ya, como con las albas, se levanta,
o, como con las tardes, se deprime;
su femenino día nos encanta;
con su esplendor de oscuridad redime.

El ritmo de lo humano él lo condensa,
cofre es de aquello que la mente piensa,
donde la eternidad se guarda breve.

Si el corazón se ofrece en esa altura,
respire en esa cima la ternura,
mitíguese mi ardor sobre esa nieve.

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NO CABE HISTORIA

Has de quedar, así, dominadora
del tiempo y muy presente, aunque recuerde;
yo te digo, mujer, que no se pierde,
si fue de hermoso amor, ninguna aurora.

Como ahora has de quedar; no en otra hora;
los mismos años en tus ojos verdes;
las mismas primaveras que ahora muerdes
morderás para siempre como ahora.

Porque la gloria de tu edad señala
como un ala en el aire, como un ala
un peligroso azar que no peligra.

No pienses que caerás en la memoria.
En gloria de verdad no cabe historia.
Juventud con amor jamás emigra.

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SIMA DE AMOR

Resbalando por esta sima umbrosa,
yendo sin freno el pie tras la mirada,
la mano tanteando en piedra helada,
y presa la mirada en lumbre hermosa,

por esta sima voy. ¿Qué luz undosa
de antorchas te me muestra, mi ignorada?
¡Oh inofensiva unión y peligrosa
la de la llama a la pupila atada!

Todo al revés se ve, y a la deriva,
por esta oscuridad que luz trasciende
donde el misterio del amor estriba.

Y si la muerte siento que en mí prende,
también me gozo al verla ardiendo viva
si los caminos de tu alma enciende.

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OTRO LENGUAJE

Las letras se han fundido
                      en Verbo y Carne.
A la tierra desciende
                      otro lenguaje.

En el reloj de arena
                      ya no hay incógnita.
La arena cuando cae
                      repica a gloria.

¡Cómo con cruz tachadas
                      brillan las letras!
Un Niño, ay, que no sabe
                      dicen que enseña.

                      Dicen que enseña
que las letras tachadas
                      son las estrellas.

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ADORACIÓN DE LOS PASTORES

Un chivo a la diestra,
a la izquierda un cusco.
Entre lo bruto y bruto
la Virgen, ¿qué piensa?

No piensa. Te mira.
¡Qué mirada eterna!
La Virgen respira
entre la miseria.

Está entre los suyos,
pastores y pobres.
¿Dónde están los ricos?,
¿dónde están los nobles?

Pantorrilla al aire, alpargatas,
ropas arrugadas.
¿Dónde están las calzas doradas,
las ropas planchadas?

Entre dos cayados,
qué desnudo el Niño.
¿Dónde están los cetros,
los mantos de armiño?

La Virgen es siempre
mirada que espera.
Con qué amor respira
entre la miseria.
——————————
[1] 1, 2 y 3, de Espesa rama, 1942.
4 y 5, de Versos religiosos, 1954.
En Calamidad hermosa, Palencia, Cálamo, 2010.

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