AL MARGEN DE HORACIO
LAS HORAS SUCESIVAS
Llueve torrencialmente.
¡Qué ganas de beber! No quiero vino.
Dame un jugo de fruta.
¡Cómo tiemblan, se tuercen bajo el agua
Con el viento los ramajes!
Es muy temprano. Ven.
El sueño matutino es delicioso:
Apenas ver la luz mientras se duerme,
Casi se duerme, retrasando el día.
¿No duermes? Bien así. Más te acaricio,
Más me abandono yo, más te abandonas,
Muy felices o como si lo fuéramos,
¿Y no lo somos ya si lo creemos?
Cuando cese la lluvia,
La tierra del jardín olerá a tierra.
No habrá mejor fragancia.
Y después vendrá el día con sus horas
Fugaces, nunca sueltas,
Nunca sin sus raíces,
A pasado y futuro encadenadas.
¿Cómo aislar en el aire los momentos?
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LA COLUMNA SOLITARIA
(CROTONA)
Este mar es el mar que contemplaron
Los ojos de Pitágoras,
Y un oleaje idéntico
Vibra con su humor y su color
De entonces, y también de este minuto
Marino.
Mi terrestre minuto sólo dice
Naufragio,
Un naufragio en el polvo,
Roído
Por el tictac tictac
Que oprime golpe a golpe
De un pulso.
¿Esta costa fue griega?
Ni edificios ni gentes ni sus árboles.
Resistió al fin un nombre de filósofo.
Y con él, la columna solitaria,
Sin el templo, sin dioses,
¿Y cómo victoriosa,
Entregada al azar desamparado
Que sólo sabe de Fortuna ciega?
Sí, frente al mar se alza la columna,
Consuelo para todos, fugacísimos.
¡Ay, nuestra voluntad de persistencia!
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PRIVILEGIADA SITUACIÓN
Despertar.
Y la mano ya se tiende
Para en seguida poseer un trozo
De inmenso mundo, superior —no hay duda—
A esa mano pequeña, muy pequeña,
Al borde nada más de un infinito.
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DESEMBOQUE Y FRONTERA
Y suavemente, sin querer la calle,
Tan urbana hasta entonces, desemboca:
Tierra con hierba, trozos rotos, vidrio,
Hoja de lata, ruinas modernísimas,
Profusión de verdores en desorden
Como si fueran mieses de ninguno,
La campiña final. Espacios anchos
Ofrecen elementos: aires, luces,
Transparencias, montañas, lontananzas,
Terrestres y celestes manantiales.
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EL CUENTO DE NUNCA ACABAR
A mi hijo
El mar, el cielo, fuerzas sin fatiga,
Concurren bajo luz serenadora.
Sólo soy yo en la tarde el fatigado.
Se impone a todos este azul intenso,
Azul tendido hacia su propia calma,
Apenas iniciándose
Variaciones de espuma.
Vagos cuerpos de nubes
Aguardan el crepúsculo y su fiesta.
Mis ojos ven lo que han amado siempre,
Y la visión seduce más ahora,
Frágil bajo penumbras
Que a través, ay, de esta mirada mía
Tienden hacia lo umbrío
Los años, si me dieron sus riquezas,
Amontonan sus números,
Y siento más veloz
La corriente que fluye arrebatándome
De prisa hacia un final.
No importa. La luz cuenta,
Nos cuenta sin cesar una aventura,
Y no acaba, no acaba:
Desenlace no hay.
Aventura de un sol y de unos hombres.
Todos, al fin extintos,
Se pierden bajo un cielo que los cubre.
El cielo es inmortal.
Feliz quien pasa aquí,
Si este planeta le ha caído en suerte,
Sus efímeros días
Como los del follaje
Que será amarillento.
¿Soy yo más que una hoja
De un árbol rumoroso?
Un destino común
—¿El único?— nos junta en la corteza
De un astro siempre activo,
Todos así partícipes
De un movimiento que conduce a todos
Hacia… ¿Tal vez no hay meta?
Ese mundo, que en mí se va perdiendo,
Frente a mí sigue intacto
Con su frescor de fábula.
Un abierto balcón,
Una sombra latente junto al muro
De una calle en la siesta del estío,
Calles, ciudades, campos, cielos, luces
Infinitas… Y el hombre
Con su poder terrible,
Y en medio de los ruidos,
Por entre los desórdenes innúmeros,
La habitual maravilla de una orquesta.
Una vida no cabe en la memoria.
Ámbitos de amistades,
Espíritus sin roce
Con Historia, con público,
La mujer, el amor, las criaturas,
Nuestra existencia en pleno consumada
Entre bienes y males.
Surge una gratitud
¿En cuántas direcciones?
Se despliega la rosa de los vientos.
¡Amigos! Este Globo
Florece bajo diálogos:
Extraordinaria flora
—Mezclándose a la selva
Que nunca se destruye—
Por entre las historias diminutas
Que recatan sin fechas los instantes
Supremos, tan humildes.
La raíz de mi ser los ha guardado
Para abocar al que yo soy. Más rico,
Respirando agradezco.
El hombre entre los hombres,
El sol entre los astros,
¿En torno a una Conciencia?
(Más que una hoja yo no soy, no sé.)
Miro atrás. ¡El olvido me ha borrado
Tanto de lo que fui!
La memoria me oculta sus tesoros.
¿Cómo decir adiós,
Final adiós al mundo?
Y nadie se despide de sí mismo,
A no ser en teatro de suicida.
Estar muerto no es nada.
Morir es sólo triste.
Me dolerá dejaros a vosotros,
Los que aquí seguiréis,
Y no participar de vuestra vida.
El cuento no se acaba.
Sólo se acaba quien os cuenta el cuento.
¿Habrá un debe y haber
Que resuma el valor de la existencia,
Es posible un numérico balance?
Ser, vivir, absolutos,
Sacros entre dos nadas, dos vacíos.
El ser es el valor. Yo soy valiendo,
Yo vivo. ¡Todavía!
Tierra bajo mis plantas,
El mar y el cielo con nosotros, juntos.
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[1]
De
Homenaje. Reunión de vidas,
1967.
En Obra poética. Antología, Madrid, Alianza Editorial, 1972.
En Obra poética. Antología, Madrid, Alianza Editorial, 1972.

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