domingo, 1 de junio de 2025

JORGE URRUTIA.CINCO POEMAS [1]


ASENTAMIENTO

La corriente lo trajo hasta la playa
hecho espuma de arena y de destino.
Durmió en la orilla, descansó en la hierba
y desde un árbol contempló la isla,
minúsculo universo, mundo enorme
para quien teme lo desconocido.
La soledad se busca y si se alcanza
es terrible gusano de la tranquilidad.

No es el viento el amigo necesario
ni la noche es el techo requerido
para cubrir el sueño de reposo.
¿Vendrá tu mano a acariciar su frente?
¿Podrá alcanzar la aurora a vestir tus pupilas?
¿Descubrirá mañana que tu calor lo roza
y quieres acogerlo, contarle tus secretos?

El espacio es el tiempo que logran conservarnos.

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ÁGRAFO

El cielo se aclaró. El mar en calma
parece que está ya definitivo.
El viento se detuvo:
fijáronse las hojas en las ramas,
las alas en los flancos, en los puños
las manos,
el dolor en el pecho que, ofrecido,
fingió hasta aquel momento resistencia.

Nada vale el esfuerzo. La escritura
inútil es para ordenar el sueño.
Lo ha visto claro ya. Nunca el poema
se hará tinta. La sangre
no manchará la venda ni la voz
será el aire ajustado de la música.

Se quita las legañas de los ojos,
seguro y silencioso con su herida.

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SÍSIFO

Es tumba horizontal, erguida, inexistente
por ser ya polvo hoy, ceniza próxima,
humo del cuerpo, humus de la tierra,
mano perdida, uña que no crecerá nunca,
ojo ni ciego ya, beso no dado.

Si toda aspiración tiene su límite,
su conciencia del fin, su anochecida,
la oscuridad nocturna es borrador perfecto,
ensayo general, maqueta, plano,
modelo para desarrollar lo negado más grande.

Y sin embargo vive, te acaricia,
discute cosas nimias,
lamenta tu dolor y este cansancio
que lo asalta al final de cada tarde.

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LAS SIRENAS

Ma voi due, parlate!
Ma dite un vero, un solo a me, tra il tutto,
Prima ch’io sia vissuto!
[2]
GIOVANNI PASCOLI

No te enseñaron nada o no aprendiste.
No prestaste atención, hablarías mucho
con el niño de al lado.
Has podido aprender aquel himno de Bécquer
que gigante y extraño descubre las verdades,
vocablos que Novalis afanoso buscara
en la mina profunda
y Platero perdiera ya hechos mariposas.

No te enseñaron nada, preparaste
la escena. Un maquillaje
para un drama de ideas te pusiste,
interpretaste
como los héroes trágicos.
Y el resultado fue sólo grotesco.
Un personaje cómico al fin fuiste,
ignorante y ridículo. Miseria
quedó de ti, abrazado a ese mástil.
No has aprendido nada y la palabra
un momento apuntó al borde de tus labios.

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LA VERDAD DEL POEMA

Feliz quien, como Ulises, hizo un bello viaje,
encontró Roma en Roma y retornó a su casa.

Se extrañó, como Sancho, de encontrar en un libro
su vida hecha ya verso,
cuando nunca contara sus secretos a nadie.
Feliz quien, como Ulises…

¿Pero qué sabe nadie de las dificultades,
de las indecisiones y los sueños frustrados?
¿Si nunca declarara ni el arrepentimiento continuo de su vida
ni la amargura
de la creciente soledad que goteaba
de la agria muerte de los compañeros,
cómo se sabe ya que vuelve odiando a Tebas,
que Agamenón sólo trajo ruina,
que le hubiera gustado abandonar a Paris
y enamorarse, en cambio, de la maldita Helena?
A nadie confesó el miedo y la tristeza,
ese agrio sabor de los años perdidos,
las horas dolorosas en que no recordaba
la forma de los pechos de la hermosa Penélope,
el color de los ojos del travieso Telémaco,
el aliento constante de los perros
y los anocheceres
de sangre y rosa en Ítaca.

Y ahora es un poema. Su vida toda
es verso, ritmo, sílabas contadas,
retórica, canto de canto, rabia
contenida, miedo fingido, risa
de aire, suspicacia de viento, hendidura sin sangre.
¿Es lo mismo, tal vez, que inscripción en la tumba?
Aquí yace de Ulises la memoria que queda…

Si como un dios azteca cambiar pudo la piel
no pensó ni un momento saberse pergamino,
papiro, impreso alguno,
conjunto virtual de letras y de blancos.
Se ha encontrado hecho texto de un texto de sí mismo,
que fue eso el viaje. Ha retornado a Ítaca.
Desconocía
que Ítaca era él mismo.
Se ha sentado en la silla.

Está en la sala familiar sombría.
Tiene mustia la piel y el pelo cano.
¿Pero qué supo nadie? ¿Quién escribió su vida?
¿Pero qué sabe Ulises?

Hizo solo el viaje de la melancolía.
——————————
[1] De El mar o la impostura, Madrid, Visor, 2004.
[2] ¡Pero vosotras dos, hablad!/ Decidme una verdad entre todas,/ ¡Antes de que muera, antes de que haya vivido! (N. d. A.)

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