SUSURROS DE ATARDECER
Si hay dos lágrimas calladas
y a tus pupilar dan bruma,
¿Pensaré que has de llorar?...
No… porque hay versos, amada,
que no dan bien con la pluma
y por los ojos se van.
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AMANECER GITANO
Al pintor andaluz Enrique Monis-Mora,
inspirándome en uno de sus cuadros
que lleva el mencionado título.
¡Amanecer gitano… Paisaje de la tierra
sevillana, pintado con pinceles de ensueño
sobre una seda gitana!
Tras del tupido velo
de las hojas durmiendo arrulladas,
la amarilla pupila de los cielos
va regalando nácar
al paisaje severo
dormido ya en los brazos de la calma…
Destaca sobre el fondo
de la verde hojarasca
la rosa gul y llena
de la ardiente gitana,
mientras la noche envidia
con celos y con lágrimas,
de sus luceros blancos, el nocturno poético
de los ojos abiertos en pasional mirada
y cuando el viento lleva en sus desnudos brazos
sobre el nervioso espejo de las aguas,
una notas nacidas en la tierra
y que estaban durmiendo en la guitarra…
Tu cuadro, Enrique:
Flor sangrienta…
pupilas de gitana…
colores embrujados
con humedad del alma…
Fuego, sangre y sollozos
de la ciega guitarra…
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DUDA
Es imposible: yo no puedo
despeinar
la trenza de mi pensamiento…
Es un ejército de ideas
y recuerdos
que ha asaltado el alma,
la puerta cierro
y ni una sola lanza
llega a herirla un momento…
Yo, en mi alcoba
—rodeado de los amigos buenos—
pregunto a Shakespeare algunas cosas
y él se queda en silencio
mirándome
severo…
Cervantes no sé qué pensará,
está callado y quieto.
Pero…
¡Se han abierto los ojos
de Nervo!...
En el paisaje mudo
su mirar de fuego
susurra: Ama al padre.
Yo ya hace mucho tiempo
que no pregunto nada
solo rendido, adoro a Dios eterno.
Y quien lo dice tuvo
calenturas sensuales, y también el sendero
de mieles venenosas
anduvo sin recelo,
y hoy, me ha abierto los ojos y los brazos
en uno de sus versos…
Todo es posible: Acaso pueda
despeinar
la trenza de mi pensamiento.
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LUNA
A mi primo Alfredo Blanco.
¡Tú sí que eres luna de oro,
bruja y pícara hechicera!
Tú me comes los misterios
y me arrebatas mis penas
y sabes de mis amores
como una niña morena,
y has visto mis cien secretos
porque una noche serena
fui a ver el mar que esperaba
por tu cuerpo, zalamera,
y, sin saberlo, los puso
a dormir sobre la arena…
¡Mas qué importa si yo sé
también tus cosas secretas!...
¿A qué vas todas las noches
en tu paseo de reina,
sola, sin llevar cortejo
de palpitantes estrellas
a bailar en las espumas
y a besar verde y canela?...
No te disculpes, yo sé
que el mar construyó a tu vera
un lecho con mil corales
para tu cuerpo de reina:
sé que te quiere y te arrulla
canciones de ondas rellenas
y que de amor se desmaya
sobre la dormida arena
y sé que todas las noches
tú le adoras y le besas...
¡Tú sí que eres, luna de oro,
bruja y pícara hechicera!
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COMO AMADO NERVO
¡Oh, Amado Nervo, cuánto me has enseñado
en tus versos serenos! Tú eres mi gran amigo
y quisiera salir al estruendo contigo
porque en tu propia calma me habría serenado.
Quiero decir contigo que morir es muy bello,
que en la vida no hay nada de tan alto valor
como el ir espigando y sembrando el amor
hasta que en nuestros ojos no se quede un destello.
Quiero amar como tú a Jesús Redentor
y ofrecerle contigo las angustias hirientes
y postrarme a sus plantas y en plegarias fervientes
decirle sobriamente: ¡más dolor, más dolor!
Quiero ser como tú, sonriente y cortés,
y «amable y silencioso, como un rayo de luna»,
no tener en el alma ni una pena, ni una;
amar mucho, amar mucho… ¡y morirme después!
——————————
[1]
De
Susurros,
Gijón, Somonte, 1944.

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