Como la piedra al pozo. [2]
Alguien que mira el hambre
con que cae
escucha el peso frío
que abre la tiniebla
y reconoce
la voz de un corazón que roza con el tiempo.
֍ ֍ ֍
Hunde [3]
la casa.
Trabaja noche y día
en destruirla
pues noche y día habías trabajado
para esconderte en ella.
Destruye hasta que nada
entre el escombro
te sea reconocible.
Comparte la intemperie
con otras alimañas.
Acostúmbrate al frío.
A ese brillo
mortal
de las estrellas
al ojo indescifrable
que habías olvidado.
Porque sólo las ruinas
—lo supiste
una vez
por qué en tu descuido
lo habías olvidado—
porque sólo las ruinas
pueden
en verdad
habitarse.
֍ ֍ ֍
voraz el vasto reino de la sombra.
J. A. Valente
Oyes [4]
bajo la quieta respiración del mar
el secreto perfil
de los ahogados.
En un centro infinito
en una oscuridad que no se mueve
unen
la rara luz de todos sus extremos.
֍ ֍ ֍
CALLAR Y OBRAR [5]
I
(Naturaleza muerta)
El membrillo.
Su forma.
Su color.
Más generoso cuanto más
maduro
no árbol ya
ni rama y ni siquiera
fruto
un cuerpo
irregular
ofreciendo el milagro de su
putrefacción. Excediéndose. Dando todo
de sí
ofreciéndose al tacto
sirviendo de alimento a algún gusano
encarnando el sentido
de la contemplación —dejando que la luz
haga su sombra— haciendo de
su desaparición
este intenso perfume
este todo lo vivo
cabe en mí y de mí se desprende
este
me basta con
estar
encima de la mesa.
II
(Petirrojo)
Estoy
aquí
me ves
puedes mirarme.
III
Pulir. Pulirlo. Hacer
con el dolor
lo que el mar hace con las piedras.
Pulirlo hasta volverlo transparente hacerlo
joya.
֍ ֍ ֍
El vacío. [6]
Su piel como de escamas qué
protege. Tú eras el amor todo se abría
todo
bebía de tu luz. Ahora este cadáver
que
hay que enterrar
este despojo
que
se nos cae de las manos.
Lo que viene después de la alegría del
deslumbramiento. Lo que nos pesa
es no tener más vida.
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