domingo, 1 de noviembre de 2026

RUTH ANA LÓPEZ CALDERÓN. CINCO POEMAS [1]


TRASHUMAR

Han descendido los pasos
hasta tocar el fondo del trapecio invertido,
ése que pulula la luna de los siglos.

Las veces que subieron y bajaron
dejando en cada una la piel,
ésa que profana el sepulcro de los sueños y revelaciones.
El caminante dormido irrumpe en el espacio,
sostenido sólo por los gritos que enmudecen a las sombras:

Entonces sabrás que llegó el momento
de arrancarte el alma con las uñas, con los dientes la carne,
de trashumar el misterio de la inconsciencia
y palpar y aplacar esa fiera cuyos gruñidos hacen temblar.

Remanentes son mis huellas.
¿Hacia dónde?

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ESTERTORES

Esta burda esperanza
agonizando entre las fauces del destierro
inclemente, perverso.

No hay murallas que interpongan
con el veneno,
con la mortaja
que cubren la raíz de su aliento.

Y se oyen quedos estertores,
blasfemias enterradas y el desasosiego,
incrustados en una lápida:

Una lápida aún sin nombre,
aún sin flores, sin rezos.

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LA ANTESALA

El maquillaje vencido, evaporados perfumes,
ropa sin uso por el tiempo descolorida,
quietos en la espera de la antesala del olvido.

No tiene caso arrancarlos del sopor,
no tiene caso mirarlos siquiera;
la vida ya casi se ha ido:
por el camino de sombras vestida, de flores marchitas perfumada,
y silencios petrifican el cansancio de la carne.

La palidez maquilla el rostro.

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MONARCA

Las he visto cubrir como manto
las he visto dormir y despertar

elevarse en vuelo

he corrido con ellas

vano intento de alcanzarlas
esas grandes extensiones de campo

era niña,
era crédula

nunca pude alcanzar las mariposas

y ya no hay tiempo.

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TAL VEZ

Tal vez el vago reflejo
de la existencia aferrado,
al endeble hilo de la memoria
el que asoma a mirar la vida desde las rendijas,
el que flota en la penumbra del agua
y corre triste y gris
por las arterias olvidadas de la ciudad,
al reciclamiento.

Tal vez sólo un fantasma que olvidó su muerte
y, aferrado a los despojos,
se arrastra, gime y blasfema.
O colgado en los andamios del tiempo,
tocando puertas, ciertamente la última.

Tal vez sólo una sombra
que se desplaza en la calzada,
negada a sumergirse en la soledad
quien no es nada y aceptar que los días tienen término.

Tal vez quien escribe versos oprimiendo estos dedos, tal vez.
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[1] De Sin óbolos para Caronte, 2014.

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