(☼ SAN ANDRÉS DE LOS TACONES, GIJÓN, 29-09-64 – † GIJÓN, 05-02-23)
IN MEMORIAM
IN MEMORIAM
LA VIRGINIDAD PRODUCE
cáncer,
vacúnate.
Son las primeras palabras que vas a leer
al entrar en la celda en la que vas a tirarte
los tres próximos días. El período,
como lo llaman aquí. Cinco palabras
dispuestas de esa forma, en ese orden concreto,
con la única intención de meterte el miedo
por el culo, acojonarte,
como si no lo estuvieras ya bastante.
Las han escrito en el tabique que separa
la taza del váter y el lavabo del resto de la celda.
La taza no tiene tapa. La cisterna no tiene
ni agua
ni cadena. El lavabo está sucio, y atascado,
y el resto de la celda, es precisamente eso:
resto, restos de la inmundicia
que te han dejado de recuerdo
otros que pasaron por aquí primero que tú:
mantas picajosas, llenas de pelos,
colillas,
periódicos atrasados
y revistas pornográficas,
con las páginas pegadas entre sí por escupitajos amarillentos
de semen reseco,
y además, en las paredes, en el techo, en la puerta,
por todas partes, escritas con la llama del mechero
o con el mango afilado de una cuchara,
cantidad de frases:
Odio y muerte a los maderos.
Prohibido escupir en el suelo.
No llores por no ver el sol
pues tus lágrimas te impedirán ver las estrellas. [2]
La virginidad produce
cáncer,
vacúnate.
Entonces te subes a la ventana (vete
acostumbrándote a llamarla por su nombre:
perlacha), te subes a la perlacha
y echas un vistazo al patio:
unos mendas disputan un partido de futbito;
otros dan vueltas, con las manos a la espalda,
como si todavía llevaran puestas las esposas;
otros están sentados, contándose milongas;
y hay uno que se apoya en la ventanilla del economato
y que va vestido con un traje de baño
de esos que imitan la piel de un leopardo.
La virginidad produce
cáncer,
vacúnate.
֍ ֍ ֍
SEAMOS REALISTAS
en este sitio
nadie cuenta
estrellas
por la noche
֍ ֍ ֍
NOSTALGIA
Mi primera reacción
(cuando al decirle a Mari
hay otro, ¿eh?,
y ella, poniéndose roja,
murmura que sí,
que cómo lo sabes,
que quién te lo dijo,
que cómo te enteraste,
sí, es verdad,
hay otro)
es mandarla directamente
a la puta mierda,
a tomar por el culo por ahí;
en cambio,
lo único que le digo es:
Bueno, tía
(el término tía
significa también
ramera), tranqui,
no pasa nada,
podemos seguir
siendo amigos, ¿no?,
y después
salgo del locutorio,
agachándome al pasar
por debajo de la puerta,
ya sabes,
por lo de los cuernos.
Ya en mi celda,
contemplo
una fotografía de Silvia,
una fotografía
de cuando ella tenía
catorce o quince años
(ahora tiene
dieciséis o diecisiete).
Un primer plano
de su cara sonriente.
Utilizo el cigarro
que estoy fumando
para quemarle los dos ojos.
Luego le tiro de los pendientes
hasta que le arranco
de cuajo las dos orejas.
Inmediatamente le parto
la nariz en dos
y le rompo la boca
y todos los dientes.
Lo que queda de su cara
lo arrojo por la taza del váter
y acto seguido, hago encima
mis necesidades fisiológicas,
mis tres necesidades,
y luego tiro de la cadena.
Más tarde, por la noche, en la cama,
pienso en ella.
La echo mucho de menos.
Ahora que ya no la tengo
es cuando de verdad
la echo de menos.
La foto.
֍ ֍ ֍
LA MAICA
no tiene piños.
Le han caído todos.
Por culpa del caballo primero
y por la mierda de comida
del talego después.
Así la chupas mejor,
le decimos todos.
La Maica está desdentada,
y eso quizá influya en su voz,
una voz
que le viene
que ni pintada
para arrancarse por bulerías.
El Richard se asoma a la perlacha
cada noche,
después del recuento,
y se pone a gritar:
¡Maica! ¡Esa Maica!
¡Cántanos algo! ¡Venga!
Ella se hace la loca,
¡Esa Maica bonita!
¡Venga! ¡Cántate una!
pero siempre acaba
por hacerle caso.
El picoleto de la garita
deja de pasear
de un lado para otro,
se apoya contra el muro,
pone encima su fusil,
enciende un truja
y escucha en silencio
esa voz sin dientes
que nos muerde a todos
el corazón
֍ ֍ ֍
EL TIGRE
Javi tenía tatuado
un tigre en el antebrazo.
Bueno, no sé si era
un tigre o un leopardo,
algo así,
y se chutaba en las pintas
de la piel del animal
porque de esa forma
no se le notaban las marcas.
Y así siempre.
Hasta que un día
el tigre se cansó,
y le comió el brazo
de un mordisco.
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