EL ESTANQUE DEL RETIRO
El estanque del Retiro, a estas horas,
cuando las brujas vuelven a sus chozas
y los músicos callejeros enfundan sus metales,
parece un puerto tal vez mediterráneo
con todas sus luces repetidas en el agua
y con sus naves perfiladas navegando
en busca de lugares que sean últimos.
Pienso en el imperio que pudo perderse
si hubiese Napoleón desembarcado aquí
a las nueve de la noche un domingo como este
tratando de sitiar esta ciudad desde los verdes
terrenos del Retiro, directo desde Francia,
con sus millones de soldados reflejándose
en las sucias aguas del estanque.
Voy caminando en soledad por la orilla
de este nuevo océano y pensando
en lo inmenso que sería nuestro imperio
si al igual que los demás nos diésemos
la mano junto al agua y golpeáramos
con nuestro duro amor las verdes olas
que debieran existir tras las barandas.
֍ ֍ ֍
EN VALPARAÍSO
No sé qué hora será en Valparaíso,
pero si fueran, por ejemplo, las dos
—y el reloj, anguloso, lo confirmara—
serían suficientes estas ganas
que tengo de apretarte como aprietan
tus piernas los vaqueros. Si fueran
imagínate, yo qué sé, las cuatro
—e inocente el reloj nos lo dijera—
seguiría midiendo a palmos tu cintura
o poniendo a prueba la dureza de tus muslos
como el tasador de oro hace
con las joyas de los pobres. Y si fueran
pongamos por caso, las siete,
—y el reloj, obtuso, nos lo asegurara—
aún estaría radiante y entero
pues no habría llegado todavía
aquel tren que te llevaba.
֍ ֍ ֍
SI TÚ SUPIERAS
Si tú supieras, de verdad, lo que me ofreces
solo torciendo la mirada, apartando
tu pelo negro hacia la izquierda,
dejándome leer —nuevo braille— en tus labios
las palabras que no salen de la boca.
Si tú supieras, Santa mía, lo que ofreces
mientras te abres paso entre la bruma
de la ciudad sin siglo que es Madrid
como hacen los pájaros nocturnos
en este apartado puerto que es mi vida.
Si tú supieras, en serio, lo que ofreces,
entenderías por qué sigo aquí perdido
entre calles que nunca me acogieron
tratando de agarrarme a todo eso
que no sabes que me ofreces
—y me salva—.
֍ ֍ ֍
EL SILENCIO
En todas las canciones —dices mientras pones
el vinilo en el tocadiscos de tu padre—
hay un instrumento diferente
que no es de viento ni es de cuerda y
que suena entre todos los demás.
No hay músico alguno que sepa tocarlo
ni documentos en la historia que lo expliquen,
pero si me miras a los ojos mientras suena
—me dices— podrás ver que completa la canción
como el aire llena el árbol, como el cielo
hace con la imagen puntual de las estrellas.
֍ ֍ ֍
COSAS QUE YO SÉ Y QUE SE ME OLVIDAN
Que el universo se llena hacia afuera,
que el agua manada siempre vuelve a manar,
que el horizonte es la única recta que se cierra,
que el mundo es azul igual que una naranja,
que la luz es inevitable, que la sombra
es la sombra de tus ojos cuando incitan
esta noche al hundimiento y me muestran
el camino que atraviesa la negrura
como dos faros que insisten dando vueltas:
Aquí las rocas. Aquí mi cuerpo.
——————————
[1]
De
Hidratante Olivia,
Madrid, Hiperión, 2015.

No hay comentarios:
Publicar un comentario