A UN HOMBRE DE GRAN NARIZ
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;
era un reloj de sol mal encarado.
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.
Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
los doce tribus de narices era;
érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.
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HASTÍO DE UN CASADO AL TERCERO DÍA
Antiyer nos casamos; hoy querría
doña Pérez, saber ciertas verdades:
decidme ¿cuánto número de edades
enfunda el matrimonio en sólo un día?
Un antiyer, soltero ser solía,
y hoy, casado, un sinfín de Navidades
han puesto dos marchitas voluntades
y más de mil antaños en la mía.
Esto de ser marido un año arreo,
aun a los azacanes empalaga, [2]
todo lo cotidiano es mucho y feo.
Mujer que dura un mes se vuelve plaga,
aun con los diablos fue dichoso Orfeo, [3]
Pues perdió la mujer que tuvo en paga.
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BEBE VINO PRECIOSO CON MOSQUITOS DENTRO
Tudescos moscos de los sorbos finos,
caspa de las azumbres más sabrosas,
que porque el fuego tiene mariposas,
queréis que el mosto tenga marivinos;
aves luquetes, átomos mezquinos,
motas borrachas, pájaros vinosas,
pelusas de los vinos invidiosas,
abejas de la miel de los tocinos;
liendres de la vendimia, yo os admito
en mi gaznate, pues tenéis por soga
al nieto de la vid, licor bendito.
Tomá en el trago hacia mi nuez la boga,
que bebiéndoos a todos, me desquito
del vino, que bebistes, y os ahoga.
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PRONUNCIA CON SUS NOMBRES LOS TRASTOS Y MISERIAS DE LA VIDA
La vida empieza en lágrimas y caca,
luego viene la mu, con mama y coco,
síguense las viruelas, baba y moco,
y luego llega el trompo y la matraca.
En creciendo, la amiga y la sonsaca,
con ella embiste el apetito loco,
en subiendo a mancebo, todo es poco,
y después la intención peca en bellaca.
Llega a ser hombre, y todo lo trabuca,
soltero sigue toda perendeca,
casado se convierte en mala cuca.
Viejo encanece, arrúgase y se seca,
llega la muerte, todo lo bazuca,
y lo que deja paga, y lo que peca.
֍ ֍ ֍
Serta, ungüenta, meo ne gratificare sepulchro:
vina, focus, lapidi sumptus innanis erit.
Haec mihi da vino, cineres miscere falerno,
nempe lutum facere est, non dare vina mihi. [4]
Horacio
Hijos que me heredáis: la calavera
pudre, y no bebe el muerto en el olvido;
del sepulcro no come y es comido:
tumba, no aparador, es quien lo espera.
La que apenas ternísima ternera
la leche en roja sangre ha convertido,
no por ofrenda, por almuerzo os pido,
y el responso, después, de hambre, muera.
Dadme aquí los olores cuando huelo;
y mientras algo soy, goce de todo:
venga el pellejo cuando sorbo y cuelo.
A engullirme mis honras me acomodo,
que dar el vino al polvo no es consuelo,
y piensan que hacen bien, y hacen lodo.
——————————
[1]
En
Obra poética (Tomo II),
Madrid, Castalia, 1999.
[2] Los azacanes son pajarillos cuya dieta básica son semillas y bayas; su sabor preminente es amargo. El sentido del verso es que el trato de la mujer a la larga resulta ingrato aun para el marido más curtido.
[3] Tras la muerte de Eurídice, Orfeo descendió al inframundo para intentar recuperarla, utilizando su música para conmover a Hades y Perséfone, los dioses del inframundo. Consiguió convencerlos para dejarla regresar con él a la superficie, pero con la condición de que no debía mirarla hasta que ambos estuvieran fuera. Consumido por la ansiedad, la miró antes de tiempo, lo que le llevó a perderla para siempre.
[4] No me traigas coronas ni ofrendas a la tumba; a las lápidas no les aprovecha ni el vino ni el fuego. Darme vino así, mezclando cenizas con Falerno, es hacer barro, no darme vino.
[2] Los azacanes son pajarillos cuya dieta básica son semillas y bayas; su sabor preminente es amargo. El sentido del verso es que el trato de la mujer a la larga resulta ingrato aun para el marido más curtido.
[3] Tras la muerte de Eurídice, Orfeo descendió al inframundo para intentar recuperarla, utilizando su música para conmover a Hades y Perséfone, los dioses del inframundo. Consiguió convencerlos para dejarla regresar con él a la superficie, pero con la condición de que no debía mirarla hasta que ambos estuvieran fuera. Consumido por la ansiedad, la miró antes de tiempo, lo que le llevó a perderla para siempre.
[4] No me traigas coronas ni ofrendas a la tumba; a las lápidas no les aprovecha ni el vino ni el fuego. Darme vino así, mezclando cenizas con Falerno, es hacer barro, no darme vino.

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