domingo, 23 de marzo de 2025

LUIS ANTONIO DE VILLENA. CINCO POEMAS [1]


RIBALDO

Inicio salvaje del verano: acero y sol.
El verano es salvaje o no es en absoluto.
Un muchacho, algo mayor que su apariencia,
playeras, bermudas, camisa volandera,
se agacha en el fragor del mediodía
a recoger una colilla del suelo, junto al buzón.
Se aparta y la enciende. Mira alrededor
buscando todo y nada. Reluce el esplendor
de su cabello revuelto y su mirada turbia.
Cruzamos sensaciones. Está entre la desesperación
y el gozo. Podría pedir cualquier cosa.
Del bolsillo saca una lata de cerveza
y la bebe. Estará muy caliente, supongo.
Se apoya en la veranda del Metro. Quiere
la explosión de los sentidos o la muerte,
que es pareja. Espera bajo el sol
como hace siempre la juventud verdadera:
todo se permite si todo se destruye.
Refulgen sus piernas y sus ojos.
Una bala de fuego cruza el aire
y un aroma de sexo y jazmines nocturnos.
Es el inicio del verano: belleza convulsa.
El verano es salvaje o no es en absoluto.

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COLEGIALES

Vivo cerca de tres colegios con alumnos —chicos, chicas—
al borde del fin del Bachillerato. Me fijo en los mayores,
altivos, audaces, dignos de ver y felices de la existencia,
aunque habrá puntuales y pocas horas negras. Relucen.
Si me ven, seré solo una figura tangencial, próxima por
el vecindario. Un raro solitario señor. Me pregunto qué piensan
de la vejez, en la que estoy instalado. Juzgarán que la vejez
—como la gente— son siempre los otros, la vejez es de otros.
Y es bello y normal que sea así, porque el resplandor
joven se nutre (en parte) de suponer una imperecedera
juventud. Otros son viejos eternos, ellos, eternamente jóvenes.
Aunque sea mentira, jamás se volverán ancianos, jamás
tendrán canas ni achaques oscuros. Ellos matan la vejez de golpe.

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HUMANA LOCURA

Dracino, uno de los cien mil príncipes italianos.
Vivía en un destartalado «palazzo» véneto, con arañas
y zonas arrendadas. Luchó en el norte de África
en la II Guerra y amó el desierto inexplicablemente.
La enorme luz, la amarilla arena, el oasis repentino:
una mística. En una habitación vacía tenía una tienda
de campaña para dormir. Viajaba al sur tunecino.
Sin lujo y ancho ocio, señor de una religión de soledades.
La dicha era el oasis, el sol, la piedra. Bebiendo un bitter
rojo, me dijo: despojarse, no tener nada y sentarse
a mirar el horror atareado de las humanas hormigas,
de un abismo a otro abismo. Sin presente ni futuro.
Todos van y vienen, sin sentido. Brutal vanidad vacía.
Nosotros, hemos llegado ya, sin habernos movido.

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LLUVIA DE PENSAMIENTOS SOLITARIOS

Muy cierto, la soledad alimenta al sabio del
modo mismo que socava, humedece, las galerías del viejo.
Es maravilloso nutrirse de soledad si puedes tener compañía
y solo es desesperanza, sequedad, miseria en el solo solo.
Lo expresó bien: me dejaron solo con las manos huecas,
llenas de palabras que no tenía con quien dividir.
La soledad del viejo es un viaje ártico en trineo,
con renos mudos entre una hostil, muy hermosa nevada.
La soledad es el frío de la vejez misma ya no
confortable. La soledad es requerir a un joven que pasa
con miradas de calor que no pueden ser replicadas.
La soledad del viejo es recordar rostros y días,
hacia el país todos de Nunca Jamás.

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EL GRAN ÁRBOL VERDE

Sin duda un error que resultó positivo…
Esta enorme mole de verdor, junto a una calle ancha,
es un árbol mal podado. No le arrancaron los
chupones, y la savia —generosa— en lugar de
morir o no llegar arriba, a la copa, se ha desparramado
turbulenta por el árbol todo, que ahora luce
abundosa frondosidad y fuerte espesor verdoso.
¡Hermoso árbol, hay que decir, aunque a riesgo de
secarse arriba, como queda en invierno despojado!
Los humanos tenemos también nuestro verde esplendor
y savia, a veces, que equivocada o no, desborda.
Juventud es loca savia y glaucas hojas brillosas.
Pero el árbol nuestro no vuelve, ni mal podado,
nuestro árbol se desviste, se seca, se aísla, feo,
y solo nos queda, antes o después, la segur filosa.
¡Qué vulgar decir todo esto y qué certero!
¡Árbol hermoso, recuérdame que fui joven un día!
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[1] De Miserable vejez, Madrid, Visor, 2024.

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