Con las piedras, con el viento
hablo de mi reino.
Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.
Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
como las piedras o el viento.
Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento.
֍ ֍ ֍
Como la rosa: Nunca
te empañe un pensamiento.
No es para ti la vida
que te nace de dentro.
Hermosura que tenga
su ayer en su momento.
Que en sólo tu apariencia
se guarde tu secreto.
Pasados no te brinden
su inquietante misterio.
Recuerdos no te nublen
el cristal de tus sueños.
Cómo puede ser bella
flor que tiene recuerdos.
֍ ֍ ֍
Los caminos no van
a ningún fin, que todos
acaban en nosotros.
La llama del crepúsculo
nos funde en uno solo.
Hermoso es caminar,
soñar, cantar. Hermoso
ser una gran ternura
con un corazón próximo,
(con un dolor remoto).
La tarde se desnuda,
muestra sus hondos oros.
Encanta cada forma
con su vino glorioso.
Ya no hay nada: —pasado,
futuro, sombras, gozos—,
por fuera de nosotros.
La tarde desempolva
su cálido tesoro.
Sus pámpanos de fuego
zuman en nuestros ojos.
La tarde es nuestra. El mundo
se hizo para nosotros.
Somos su centro vivo
y gira el tiempo en torno.
Pasa y no puede herir
con su dolor remoto
nuestro corazón próximo.
Los caminos no van
a ningún fin, que todos
acaban en nosotros.
֍ ֍ ֍
Porque no ríes, porque hablas
al hombre que reina en ti.
(Él te acompaña y te dice
lo que yo no sé decir.)
Porque no me miras. (Miras
a alguien que hay fuera de mí.)
Porque sé en qué tiempo buscas
el alma que no te di.
Lloro por ti. Lloro porque
te estoy haciendo sufrir.
֍ ֍ ֍
Antes decía: «Árbol
inmóvil, montes pálidos
en la distancia, mar
con brisa». (Parecía,
parpadeando, verde
y plata, copa viva
de un álamo de ensueño.)
Antes nombraba todas
las cosas, como si ellas
fueran mis creadoras,
mi creación. Abría
en ellas brechas cálidas
y tocaba con las manos
amorosas su alma.
Ahora digo: «Mar, monte,
árbol», como si fueran
los olvidados, muertos
de mi mundo encendido.
Porque cómo decir
«árbol», si ya no puedo
hacer que mi palabra
dé verdor a su copa;
«mar», sin que mi palabra
agite sus espumas;
«monte», sin que al decirlo
le envuelva mi palabra
en oros de poniente.
Cae la tarde. No vibra
en nada aquella música
maravillosa. Cae
la tarde. Oh, no es posible
que sea yo aquel mismo
que antes decía: «Árbol
inmóvil, montes pálidos
en la distancia, mar
con brisa…»
(Parecía,
parpadeando, verde
y plata, copa viva
de un álamo de ensueño.)
——————————
[1]
De
Con las piedras, con el viento…,
1950.
En Poesías completas (1947-2002), Madrid, Visor, 2017.
En Poesías completas (1947-2002), Madrid, Visor, 2017.

No hay comentarios:
Publicar un comentario