AL ACECHO del frío,
la morada de sempiternas bóvedas
ya es una celda abandonada.
Los trazos rasgados de la pluma
sobre el cegador papel, luchan
contra el imponente silencio del invierno.
Vacío, ¡vacío!, vacío…
… una casa espectral rezumando
insomnios oníricos,
resuenan las campanas de la Catedral,
y piando los gorriones marchitos sueñan
evocando nostalgias de tiempos no heridos.
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EN EL CLÍMAX extremo
de la ebriedad de la luz,
descifra el rayo su tiempo
en la cadencia de campanas
del fronterizo convento y el arrullo
de dos palomas en intimidad;
una pareja de ancianos las observa
con la apatía que otorga el reconocerse
junto a la orilla, a punto de zarpar.
֍ ֍ ֍
YA INCLUSO en los fríos contornos
del primerizo otoño,
se repliega el ave
en soledad y lacerante melancolía:
deja crecer el anhelo de extinguirse
por siempre.
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EL NEGRO CIELO de eclipsantes golondrinas,
el tapiz hendido con cuchillo sin filo,
que derrama epitafios de alas y plumas.
֍ ֍ ֍
NOCHE
TENÍA LA NOCHE una luminiscencia clara
aun privada de lunas y estrellas y el punto final
de cada astilla de tus versos
eran luceros agujereando el firmamento.
Es el olvido el arma que el pensamiento esgrime
para sobrevivir y sepultar el desconsuelo;
es tu voz la antífona de ecos que pervive
en las pulidas caracolas del mar lleno de lágrimas.
Tenía la noche y la aurora una débil línea
delgada que aparentaba ser quebradiza,
cuando tus branquias de pez respiraban
y fingía desmenuzarse entretanto tu pluma
le dibujada aureolas.
Tenía la noche y estos muros un océano infinito
y desconocido que irrigaba callejones y pasadizos,
mas tras tu estado ceniciento se ha desbordado y tu esencia
empapa y anega ya las tierras y los crepúsculos derramados.
Amanece.
——————————
[1]
De
Hay una luz remota,
Almería, Ravenswood books, 2015.

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