SOLEDAD
Cuerpo de Dios ardido en llama oscura
por los espacios solos se derrama,
y yo también, oh Dios, oscura
llama soy, en el árbol de tu sombra pura.
Árbol de Dios, oh sí, arboladura
hundida al fondo donde el hombre ama;
y, desde allí, mortal, eterna, clama,
reclama, sueña eternidad y altura.
Mira, Señor, si puedes comprendernos,
esta angustia de ser y de sabernos
a un tiempo sombra, soledad y fuego.
Mira, Señor, qué solos. Qué mortales.
Mira que, dentro, desde ahora, luego,
somos, no somos —soledad— iguales.
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RELATO
Recuerdo. No recuerdo. El viento. El mar.
Un hombre al borde del cantil. El viento.
El mar desamarrando olas horribles.
Un hombre al borde de un cantil. Recuerdo.
No recuerdo. Los brazos
alzados hacia un cielo ceniciento.
El viento. El golpe de las olas
contra las rocas.
Un hombre al borde
de la muerte.
El mar.
El cielo, mudo. Ceniciento. El cielo.
Recuerdo. Oigo las olas.
El viento. Entre las sienes. No recuerdo.
Un hombre
al borde de un cantil, gritando. Abriendo
y cerrando los brazos.
Un hombre ciego.
Recuerdo. Alzó la frente. Un viento frío
le azotó el alma. No recuerdo. Veo
el mar.
Nado por dentro.
Avanzo
hacia una luz, hacia una luz. No veo.
Escucho
un silencio de yelo.
Y braceo, braceo hacia la luz,
y tropiezo,
y braceo, y emerjo bajo el sol
¡oh júbilo!, y avanzo… Y no recuerdo
más. Esto es todo cuanto sé. Sabedlo.
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DIJE
Dije: Mi soledad es como un árbol
alto, de oro y de dolor, tan puro
que apenas puede sostenerse en aire,
ay, si un aire le hollase allá en lo último…
Dijiste: Trenza tu dolor al mío,
como una larga cabellera en júbilo:
hunde tus sueños en mi sangre; inclina
tu sed de Dios. Mi reino es de este mundo.
Dije: Mujer, mi mal no tiene origen;
sufro, no sé por qué. De esto hace mucho…
Apenas puedo con mis pies, si un hilo,
ay, si un hilo me asiese así, de súbito.
Tú, pensativamente: El tiempo es plata
de amor, entre mis brazos y los tuyos.
Abre tu soledad. Deja que el llanto
suceda y suene como un llanto músico.
Dije: Como las rosas, has sabido
como las rosas asomarte al muro
de mi dolor. Tan rosamente, el aire,
ay, el aire rozó jamás el mundo…
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TARDE ES, AMOR
Volví la frente: estabas. Estuviste
esperándome siempre.
Detrás de una palabra
maravillosa, siempre.
Abres y cierras, suave, el cielo.
Como esperándote, amanece.
Cedes la luz, mueves la brisa
de los atardeceres.
Volví la vida; vi que estabas
tejiendo, destejiendo siempre.
Silenciosa, tejiendo
(tarde es, Amor, ya tarde y peligroso)
y destejiendo nieve…
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PREFACIO
Escribo con el cuello llameante
y cuelgo de los labios las parábolas,
para que vean que me explico en sangre
y silabeo de verdad, en plata.
Átomo en torno a no sé qué, integrándose
en soles vivos, es decir en masas,
secreta fluye, en soledad, la frase
y se dirige al hombre y se le embraza.
Alzad la voz, alzadla muy suave
mente: me encontraréis debajo, en alma
y cuerpo. Y por mi voz toman el aire
alas halando hacia la luz, airadas.
——————————
[1]
De
Ancia,
1958.
Los interesados disponen de una versión completa del poemario en www.parnaíso.ancia.es.
Los interesados disponen de una versión completa del poemario en www.parnaíso.ancia.es.

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