INVITACIÓN
Una mujer me baila en los oídos
palabras de la infancia
yo la escucho
mansamente la miro
la estoy mirando ceremoniosamente
y si ella dice humo
si dice pez que cogimos con la mano,
si ella dice mi padre y mi madre y mis hermanos
siento resbalar desde lo antiguo
una cosa indefinible
melaza de palabras
puesto que ella, hablando,
me ha conquistado
y me tiene así,
prendida de sus letras
de sus sílabas y consonantes
como si la hubiera penetrado.
Me tiene así prendida
murmurándome cosas antiguas
cosas que he olvidado
cosas que no existieron nunca
pero ahora, al pronunciarlas,
son un hecho,
y hablándome me lleva hasta la cama
adonde yo no quisiera ir
por la dulzura de la palabra ven.
֍ ֍ ֍
GENESIS III
Entonces Adán la llamó
le puso nombres
dichoso le dijo paloma,
pez,
moabita
mármol
estatua que acaricio,
la llamó frío y nostalgia,
Adriana, pájaro,
árbol
y mi dicha,
le dijo arcángel,
adoradora,
la llamó espuma de los mares, cardumen y Ifianasa,
lumen, montaña, lámpara
le dijo forma de mí pero más que nada forma,
ánfora, cortesía, dama amabilis,
ósculo, pie de mi camino,
le dijo doncella encerrada,
alabaré tu amor más que los castillos,
le dijo amistad y fragancia,
la llamó voz de los valles,
eco de collados,
amiga mía,
pero ella nada oyó,
porque el Señor la había hecho sorda.
֍ ֍ ֍
Cuando estás echada como una bañista
y yo arrojo al agua letras cebadas
Tú entonces abres la boca
en el agua van las vocales
palpas las letras
las mimas, las mojas,
coges una jota,
filtras una ele,
atrapas una consonante,
y, clavándote un verso en la garganta,
te tiro en el lecho,
te ancló en mi costado,
paso a paso te arranco la palabra que te tragaste
y cuando quedas muda,
todo ha terminado.
֍ ֍ ֍
—Recoge el mantel del vientre.
Límpialo de las migas de la noche.
Tápalo.
Húndelo en el olvido del vestido.
֍ ֍ ֍
ORACIÓN
Silencio.
Cuando ella abre sus piernas
que todo el mundo se calle.
Que nadie murmure
ni me venga
con cuentos ni poesías
ni historias de catástrofes
ni cataclismos
que no hay enjambre mejor
que sus cabellos
ni abertura mayor que la de sus piernas
ni bóveda que yo avizore con más respeto
ni selva tan fragante como su pubis
ni torres y catedrales más seguras.
Silencio.
Orad: ella ha abierto sus piernas.
Todo el mundo arrodillado.
——————————
[1]
De
Evohé,
1971.
En Poesía reunida, Barcelona, Lumen, 2005.
En Poesía reunida, Barcelona, Lumen, 2005.

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